EL DEPÓSITO DE LA FE ES INALTERABLE
"La doctrina de la fe que Dios ha revelado, no ha
sido propuesta como un hallazgo filosófico que deba ser perfeccionado por los
ingenios humanos, sino entregada a la Esposa de Cristo como un depósito divino,
para ser fielmente guardada e infaliblemente declarada. De ahí también que hay
que mantener perpetuamente aquel sentido de los sagrados dogmas que una vez
declaró la santa madre Iglesia y jamás hay que apartarse de este sentido so
pretexto y nombre de una más alta inteligencia."
Concilio Vaticano I
Se llama “depósito
de la fe” lo contenido en la Sagrada
Tradición y en la Sagrada
Escritura, lo que fue confiado por los Apóstoles al conjunto de la Iglesia; y
la función de interpretar auténticamente la Palabra de Dios, oral y escrita, ha
sido encomendado solo al Magisterio vivo de la Iglesia, es decir a los Obispos
en comunión con el sucesor de Pedro, quienes ejercitan esa función en el nombre
de Jesucristo.
Dios "quiere que todos los hombres se salven y
lleguen al conocimiento de la verdad" (1 Tim 2,4), es decir, al
conocimiento de Cristo Jesús (cf. Jn 14,6). Es preciso, pues, que Cristo sea
anunciado a todos los pueblos y a todos los hombres y que así la Revelación
llegue hasta los confines del mundo:
«Dios quiso que lo que había revelado para salvación de
todos los pueblos se conservara por siempre íntegro y fuera transmitido a todas
las generaciones» (DV 7).
La Tradición
apostólica
"Cristo nuestro Señor, en quien alcanza su plenitud
toda la Revelación de Dios, mandó a los Apóstoles predicar a todos los hombres
el Evangelio como fuente de toda verdad salvadora y de toda norma de conducta,
comunicándoles así los bienes divinos: el Evangelio prometido por los profetas,
que Él mismo cumplió y promulgó con su voz" (DV 7).
La predicación
apostólica...
— oralmente: "los Apóstoles, con su predicación, sus
ejemplos, sus instituciones, transmitieron de palabra lo que habían aprendido
de las obras y palabras de Cristo y lo que el Espíritu Santo les enseñó";
— por escrito: "los mismos Apóstoles y los varones
apostólicos pusieron por escrito el mensaje de la salvación inspirados por el
Espíritu Santo" (DV 7).
… continuada en la
sucesión apostólica
«Para que este Evangelio se conservara siempre vivo y
entero en la Iglesia, los Apóstoles nombraron como sucesores a los obispos,
"dejándoles su cargo en el magisterio"». En efecto, «la predicación
apostólica, expresada de un modo especial en los libros sagrados, se ha de
conservar por transmisión continua hasta el fin de los tiempos».
Esta transmisión viva, llevada a cabo en el Espíritu
Santo, es llamada la Tradición en cuanto distinta de la sagrada Escritura,
aunque estrechamente ligada a ella. Por ella, "la Iglesia con su
enseñanza, su vida, su culto, conserva y transmite a todas las edades lo que es
y lo que cree". "Las palabras de los santos Padres atestiguan la
presencia viva de esta Tradición, cuyas riquezas van pasando a la práctica y a
la vida de la Iglesia que cree y ora".
Así, la comunicación que el Padre ha hecho de sí mismo
por su Verbo en el Espíritu Santo sigue presente y activa en la Iglesia:
"Dios, que habló en otros tiempos, sigue conversando siempre con la Esposa
de su Hijo amado; así el Espíritu Santo, por quien la voz viva del Evangelio
resuena en la Iglesia, y por ella en el mundo entero, va introduciendo a los
fieles en la verdad plena y hace que habite en ellos intensamente la palabra de
Cristo"
La relación entre la
Tradición y la Sagrada Escritura
Una fuente común...
La Tradición y la Sagrada Escritura "están
íntimamente unidas y compenetradas. Porque surgiendo ambas de la misma fuente,
se funden en cierto modo y tienden a un mismo fin". Una y otra hacen
presente y fecundo en la Iglesia el misterio de Cristo que ha prometido estar
con los suyos "para siempre hasta el fin del mundo" (Mt 28,20).
… dos modos distintos
de transmisión
"La sagrada Escritura es la palabra de Dios, en
cuanto escrita por inspiración del Espíritu Santo".
"La Tradición recibe la palabra de Dios, encomendada
por Cristo y el Espíritu Santo a los Apóstoles, y la transmite íntegra a los
sucesores; para que ellos, iluminados por el Espíritu de la verdad, la
conserven, la expongan y la difundan fielmente en su predicación".
De ahí resulta que la Iglesia, a la cual está confiada la
transmisión y la interpretación de la Revelación "no saca exclusivamente
de la Escritura la certeza de todo lo revelado. Y así las dos se han de recibir
y respetar con el mismo espíritu de devoción".
Tradición apostólica
y tradiciones eclesiales
La Tradición de que hablamos aquí es la que viene de los
apóstoles y transmite lo que éstos recibieron de las enseñanzas y del ejemplo
de Jesús y lo que aprendieron por el Espíritu Santo. En efecto, la primera
generación de cristianos no tenía aún un Nuevo Testamento escrito, y el Nuevo
Testamento mismo atestigua el proceso de la Tradición viva.
Es preciso distinguir de ella las "tradiciones"
teológicas, disciplinares, litúrgicas o devocionales nacidas en el transcurso
del tiempo en las Iglesias locales. Estas constituyen formas particulares en las
que la gran Tradición recibe expresiones adaptadas a los diversos lugares y a
las diversas épocas. Sólo a la luz de la gran Tradición aquéllas pueden ser
mantenidas, modificadas o también abandonadas bajo la guía del Magisterio de la
Iglesia.
La interpretación del depósito de la fe
El depósito de la fe confiado a la totalidad de la
Iglesia
84 "El depósito" (cf. 1 Tm 6,20; 2 Tm 1,12-14)
de la fe (depositum fidei), contenido en la sagrada Tradición y en la sagrada
Escritura fue confiado por los Apóstoles al conjunto de la Iglesia. "Fiel
a dicho depósito, todo el pueblo santo, unido a sus pastores, persevera
constantemente en la doctrina de los Apóstoles y en la comunión, en la fracción
del pan y en las oraciones, de modo que se cree una particular concordia entre
pastores y fieles en conservar, practicar y profesar la fe recibida".
El Magisterio de la
Iglesia
"El oficio de interpretar auténticamente la palabra
de Dios, oral o escrita, ha sido encomendado sólo al Magisterio vivo de la
Iglesia, el cual lo ejercita en nombre de Jesucristo", es decir, a los
obispos en comunión con el sucesor de Pedro, el obispo de Roma.
"El Magisterio no está por encima de la palabra de
Dios, sino a su servicio, para enseñar puramente lo transmitido, pues por
mandato divino y con la asistencia del Espíritu Santo, lo escucha devotamente,
lo custodia celosamente, lo explica fielmente; y de este único depósito de la
fe saca todo lo que propone como revelado por Dios para ser creído".
Los fieles, recordando la palabra de Cristo a sus
Apóstoles: "El que a vosotros escucha a mí me escucha" (Lc 10,16; cf.
LG 20), reciben con docilidad las enseñanzas y directrices que sus pastores les
dan de diferentes formas.
Los dogmas de la fe
El Magisterio de la Iglesia ejerce plenamente la autoridad
que tiene de Cristo cuando define dogmas, es decir, cuando propone, de una
forma que obliga al pueblo cristiano a una adhesión irrevocable de fe, verdades
contenidas en la Revelación divina o también cuando propone de manera
definitiva verdades que tienen con ellas un vínculo necesario.
Existe un vínculo orgánico entre nuestra vida espiritual
y los dogmas. Los dogmas son luces que iluminan el camino de nuestra fe y lo
hacen seguro. De modo inverso, si nuestra vida es recta, nuestra inteligencia y
nuestro corazón estarán abiertos para acoger la luz de los dogmas de la fe (cf.
Jn 8,31-32).
Los vínculos mutuos y la coherencia de los dogmas pueden
ser hallados en el conjunto de la Revelación del Misterio de Cristo (cf.
Concilio Vaticano I: DS 3016: "mysteriorum nexus "; LG 25). «Conviene
recordar que existe un orden o "jerarquía" de las verdades de la
doctrina católica, puesto que es diversa su conexión con el fundamento de la fe
cristiana".
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San Vicente de Lerins nos recomienda, en su libro: COMMONITORIO
(Apuntes para conocer la Fe verdadera), lo siguiente:
¿Cuál deberá ser la conducta de un cristiano católico, si
alguna pequeña parte de la Iglesia se separa de la comunión en la fe universal?
-No cabe duda de que deberán anteponer la salud del
cuerpo entero a un miembro podrido y contagioso.
-Pero, ¿y si se trata de una novedad herética que no está
limitada a un pequeño grupo, sino que amenaza con contagiar a la Iglesia
entera?
-En tal caso, el cristiano deberá hacer todo lo posible
para adherirse a la antigüedad, la cual no puede evidentemente ser alterada por
ninguna nueva mentira.
¿Y si en la antigüedad se descubre que un error ha sido
compartido por muchas personas, o incluso por toda una ciudad, o por una región
entera?
-En este caso pondrá el máximo cuidado en preferir los
decretos -si los hay- de un antiguo Concilio Universal, a la temeridad y a la
ignorancia de todos aquellos.
¿Y si surge una nueva opinión, acerca de la cual nada
haya sido todavía definido?
-Entonces indagará y confrontará las opiniones De
nuestros mayores, pero solamente de aquellos que, siempre permanecieron en la
comunión y en la fe de la única Iglesia Católica y vinieron a ser maestros probados
de la misma. Todo lo que halle que, no por uno o dos solamente, sino por todos
juntos de pleno acuerdo, haya sido mantenido, escrito y enseñado abiertamente,
frecuente y constantemente, sepa que él también lo puede creer sin vacilación
alguna.
Tomado de: /www. fsspx. es
Nota final
Como se dijo al inicio: “EL DEPÓSITO DE LA FE ES
INALTERABLE” los dogmas de Fe no pueden ser cambiados.
Obispos traidores no puede intentar cambiar las verdades
reveladas.
¡Atento Católico, los
momentos son difíciles!



