sábado, 15 de agosto de 2026

SantodelDia


San Ignacio de Antioquía

Obispo y Mártir 


17 de octubre


Fuente: 
 EWTN.com


Martirologio Romano: 

Memoria de san Ignacio, obispo y mártir, discípulo del apóstol san Juan y segundo sucesor de san Pedro en la sede de Antioquía, que en tiempo del emperador Trajano fue condenado al suplicio de las fieras y trasladado a Roma, donde consumó su glorioso martirio. Durante el viaje, mientras experimentaba la ferocidad de sus centinelas, semejante a la de los leopardos, escribió siete cartas dirigidas a diversas Iglesias, en las cuales exhortaba a los hermanos a servir a Dios unidos con el propio obispo, y a que no le impidiesen poder ser inmolado como víctima por Cristo. († c.107).






Breve Biografía

Las puertas se abren lentamente. Cuerpos como fantasmas caminan en la arena. Entornan los ojos que acostumbrados a vivir en las sombras de las mazmorras, reciben de golpe la luz del sol. El clamor de la multitud termina por despertarlos. Avanzan sin rumbo fijo, algunos cogidos de las manos, otros solos y tristes con los ojos reflejando pavor y desconcierto. Suenan las trompetas. Ruidos de cadenas se oyen por todas partes y del centro de la tierra emergen fieras sedientas de sangre: panteras, leones africanos, hienas. ¡La fiesta ha comenzado! Es el Circo Máximo que ofrece a los romanos el espectáculo de ver morir a cientos, quizás miles de cristianos, testigos de su fe en Cristo. Son los tiempos del emperador Trajano, allá por los años 98 a 117 de nuestra era en donde ser cristiano implicaba dar la propia vida.



Charcos de sangre inundan el lugar, miembros despedazados y descuartizados por todas partes, algún quejido lastimero y doliente de alguno que ha sobrevivido. La noche ha llegado y cobija los pinos y cipreses de las colinas romanas. Y entre los lamentos y quejidos se oyen vibrar las palabras de un anciano, muerto y despedazado por un león. Son palabras que han quedado grabadas en los corazones de sus fieles, allá en la lejana Antioquia. Es Ignacio, el segundo sucesor de Pedro como obispo de Antioquia. "Por favor, hermanos, no me privéis de esta vida, no queráis que muera... dejad que pueda contemplar la luz; entonces seré hombre en pleno sentido. Permitid que imite la pasión de mi Dios."


"Soy trigo de Cristo y quiero ser molido por los dientes de las fieras para convertirme en pan sabroso a mi Señor Jesucristo. Animad a las bestias para que sean mi sepulcro, para que no dejen nada de mi cuerpo, para que cuando esté muerto, no sea gravoso a nadie […]. Si no quieren atacarme, yo las obligaré. Os pido perdón. Sé lo que me conviene. Ahora comienzo a ser discípulo. Que ninguna cosa visible o invisible me impida llegar a Jesucristo […]. Poneos de mi lado y del lado de Dios. No llevéis en vuestros labios el nombre de Jesucristo y deseos mundanos en el corazón. Aún cuando yo mismo, ya entre vosotros os implorara vuestra ayuda, no me escuchéis, sino creed lo que os digo por carta. Os escribo lleno de vida, pero con anhelos de morir". Son palabras de la epístola que este apasionado y valeroso atleta de Cristo, Padre Apostólico, discípulo de los apóstoles san Juan y san Pablo, sospechando el glorioso fin que le aguardaba, dirigió a los cristianos de Roma. Y ciertamente fue condenado por el emperador Trajano a morir en el circo bajo las fauces de las fieras.

Ignacio de Antioquia sabía que la verdadera vida, era aquella que le esperaba después de la muerte, en donde podría contemplar cara a cara el rostro de Cristo, "dejad que pueda contemplar la luz". Él sabía que para llegar a contemplar esa luz era necesario ser testigo de la luz en este mundo sin importar las pruebas y los sufrimientos que fueran necesarios. Pruebas y sufrimientos que llevó dignamente pues los soldados no tuvieron piedad de él durante su largo y penoso viaje de Antioquia a Roma. Pruebas y sufrimiento que cristalizaron con el derramamiento de su sangre y al que él veía como algo necesario: "soy trigo de Cristo, deberé ser triturado por los dientes de las bestias para convertirme en pan puro y santo".


Su vida


Los datos conocidos de su vida arrancan del momento en que los apóstoles Pedro y Pablo lo designaron sucesor de Evodio (que dejó este mundo hacia el año 69 d.C.) para ocupar como obispo la sede de Antioquia. Ésta era entonces una ciudad populosa, de gran importancia dentro del Imperio Romano, mosaico de creencias y vía de paso de gran atractivo para muchas personas. Los que se fueron afincando, en su mayoría procedentes de diversos puntos, habían dejado allí su impronta. Greco-paganos, judeocristianos helenistas, judíos ortodoxos, entre otros, junto a la nutrida comunidad cristiana conformaban el paisaje social de este núcleo gordiano "de las Iglesias de la gentilidad", con el que tuvo que lidiar san Ignacio. Y no le resultó fácil, como se percibe en sus ímprobos esfuerzos y llamamientos a la unidad.


Fue un pastor excepcional. Transmitió con fidelidad la doctrina heredada de los primeros apóstoles y defendió bravamente la fe contra herejías como el docetismo. En las siete epístolas que dirigió a las distintas Iglesias (algunas redactadas mientras viajaba para ser martirizado), no dejó de exhortar a los cristianos a dar la vida por Cristo, a ser fieles a las enseñanzas recibidas, a mantenerse firmes frente a los que pretendían socavarlas, así como a vivir la caridad y unidad entre todos. Cuando supieron que había sido hecho prisionero y viajaba para ser ajusticiado, como tantos mártires, iban saliéndole al encuentro (entre otros, san Policarpo); él los bendecía con paternal ternura, orando por ellos y por la Iglesia. Eusebio de Cesarea, al historiar ese momento, haciéndose eco del discurrir de Ignacio, puso de manifiesto el ardor apostólico del santo que no perdía ocasión para dar a conocer a Cristo. En las ciudades que atravesó se ocupó de fortalecer a los fieles recordándoles el mensaje evangélico, animándoles a vivir la santidad. Tras de sí dejaba la huella de la unidad entre las Iglesias, después de haber alertado contra las herejías que irrumpían con fuerza buscando la confusión y la ruptura con el magisterio eclesial que de ellas se deriva.


Particularmente relevante fue su paso por Esmirna, sede de san Policarpo, que había bebido las fuentes primigenias del cristianismo de manos de san Juan. El edificante y rico legado de san Ignacio que amasó en ese lugar, además de las bendiciones que su presencia proporcionó a los cristianos de la ciudad, ha llegado a nuestros días. Se compone de una serie de cartas dirigidas a sus hermanos de Éfeso, Magnesia, Trales y Roma, a través de las cuales dejaba oír la poderosa voz de la fe que inundaba sus entrañas. A la comunidad romana le había dicho: "Trigo soy de Dios, molido por los dientes de las fieras, y convertido en pan puro de Cristo". No finalizó con estas misivas su encendida catequesis. En Tróada, su siguiente escala, escribió a la comunidad de Filadelfia, a la de Esmirna, y a Policarpo. En estos textos vivos, pujantes de gozo –porque sabía que iba camino de su martirio y ansiaba derramar su sangre por Cristo, ya que de este modo se abrazaría a Él por toda la eternidad–, se percibe cuánto le urgía dejar bien sentadas las bases de la comunión apostólica, recordando las claves del seguimiento, coronadas siempre por la caridad.



La lucha, el esfuerzo, la entrega incesante, la fraternidad, el espíritu de familia, el ir todos a una, y ponerse a merced unos de otros, siempre mirando a quien presidía la comunidad, sin celos, rivalidades y envidias, alumbraron a los fieles a quienes las dirigió y a las sucesivas generaciones. El potente eco de su voz se abre paso en nuestras vidas y nos insta a seguir el camino hasta el fin, recordándonos el valor de la gracia que recibimos cuando nos afiliamos a la Iglesia: "¡Vuestro bautismo ha de permanecer como vuestra armadura, la fe como un yelmo, la caridad como una lanza, la paciencia como un arsenal de todas las armas!".


El 20 de diciembre del año 107, aunque este extremo no está confirmado, compareció ante el prefecto. Fue un trámite fugaz, inútil, ya que todo estaba decidido de antemano, y sin dilación fue conducido al anfiteatro Flavio. Allí unos leones dieron fin a su vida. Las Actas de los mártires reflejan este cruento sacrificio del gran prelado de Antioquia, cuyo sobrenombre de "Theophoros" (portador de Dios) sintetiza el acontecer de ese testigo de Cristo que derramó su sangre por Él. Había sido el primero en denominar "católica" a la Iglesia, en utilizar la palabra "Eucaristía" refiriéndose al Santísimo Sacramento, y en escribir sobre el parto virginal de María. Ha dejado obras excepcionales mostrando que la doctrina eclesial procede de Cristo por medio de los apóstoles. Sus restos fueron llevados a Antioquia.

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jueves, 23 de julio de 2026

E_Diario

 



Santo Evangelio según  san  Lucas 12, 39-48
Miércoles XXIX tiempo ordinario


«Estad preparados»

Fuente: dominicos.org





En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

Amén.

Cristo, Rey nuestro.

¡Venga tu reino!

Oración preparatoria 

Señor, te pido que nuestros corazones se puedan unir, que nos encontremos en este momento de oración.

Evangelio del día 
Del santo Evangelio según san Lucas 12, 39-48

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Fíjense en esto: Si un padre de familia supiera a qué hora va a venir el ladrón, estaría vigilando y no dejaría que se le metiera por un boquete en su casa. Pues también ustedes estén preparados, porque a la hora en que menos lo piensen, vendrá el Hijo del hombre”.

Entonces Pedro le preguntó a Jesús: “¿Dices esta parábola sólo por nosotros o por todos?”. El Señor le respondió: “Supongan que un administrador, puesto por su amo al frente de la servidumbre con el encargo de repartirles a su tiempo los alimentos, se porta con fidelidad y prudencia. Dichoso ese siervo, si el amo, a su llegada, lo encuentra cumpliendo con su deber. Yo les aseguro que lo pondrá al frente de todo lo que tiene. Pero si ese siervo piensa: ‘Mi amo tardará en llegar’ y empieza a maltratar a los otros siervos y siervas, a comer, a beber y a embriagarse, el día menos pensado y a la hora más inesperada llegará su amo y lo castigará severamente y le hará correr la misma suerte de los desleales.

El siervo que conociendo la voluntad de su amo, no haya preparado ni hecho lo que debía, recibirá muchos azotes; pero el que, sin conocerla, haya hecho algo digno de castigo, recibirá poco. Al que mucho se le da, se le exigirá mucho; y al que mucho se le confía, se le exigirá mucho más”.

Palabra del Señor.


Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

A veces, leer la última frase de este Evangelio puede causar un poco de miedo; incluso he llegado a pensar que hubiera sido mejor que Dios no me diera tanto, que Dios no me confiara tanto, para que así no me tenga que exigir tanto al final. Creo que es válido el miedo cuando uno habla de cosas materiales, pero, en estas dos parábolas, Dios me enseña la alegría de ser cristiano, el regalo de poder conocerle.

El don de la fe es un regalo que solamente proviene de Dios y, en la medida que es mayor mi fe, mayor será lo que me exija. Pero el fruto de tener fe es conocerle, el tener fe es el regalo que me permite amar a Cristo, y la exigencia que Dios me pide es mi amor. ¡Qué alegría debo sentir por poder amarle!

Pero Dios me invita a algo más, me confía mucho, me confía lo que Él más ama, me confía sus almas. Ser apóstol de Cristo es tener la confianza de Dios para recibir su mayor tesoro, y solamente me exigirá amar a todas sus almas por Él, cuidar a cada una de ellas con amor. A mayor confianza mayor posibilidad de amar.

Le pido a Dios que aumente mi fe para que pueda amarle más; le pido ser su apóstol para que pueda amar más a los demás y sienta la alegría de ser cristiano amándolo a Él y a todas sus almas.

«El cristiano no está hecho para el tedio; en tal caso, para la paciencia. Sabe que también en la monotonía de ciertos días siempre iguales se esconde un misterio de gracia. Hay personas que con la perseverancia de su amor se convierten en pozos que riegan el desierto. Nada sucede en vano y ninguna situación en la que un cristiano se encuentre inmerso es completamente resistente al amor. Ninguna noche es tan larga como para hacer olvidar la alegría de la aurora. Y cuanto más oscura es la noche, más cercana está la aurora. Si permanecemos unidos a Jesús, el frío de los momentos difíciles no nos paraliza; y si también el mundo entero predica contra la esperanza, si dice que el futuro traerá solo nubes oscuras, el cristiano sabe que en ese mismo futuro está el retorno de Cristo. Cuando sucederá, ninguno lo sabe, pero el pensamiento de que al final de nuestra historia está Jesús Misericordioso sirve para tener confianza y no maldecir la vida. Todo se salvará. Todo. Sufriremos, habrá momentos que susciten rabia e indignación, pero la dulce y potente memoria de Cristo alejará la tentación de pensar que esta vida está mal».
(Audiencia de S.S. Francisco, 11 de octubre de 2017).


Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

Hablar del amor de Dios a una persona que lo necesita y amarla como Dios la ama.

Despedida Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.

¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.


viernes, 17 de julio de 2026

.Santoral

Santa Úrsula y compañeras

Mártires 



21 octubre

Fuente: catholic.net/



Martirologio Romano: 


En la ciudad de Colonia, en Germania, conmemoración de las santas vírgenes que entregaron su vida por Cristo, en el lugar de la ciudad donde después se levantó una basílica dedicada a santa Úrsula, virgen inocente, considerada como la principal del grupo.







Breve Biografía

En el siglo IX se descubrió en Colonia, Alemania, en una iglesia del siglo VI, un epígrafe enrollado que comienza así:" Martirio de Ursula y 11.000 vírgenes".

Es un documento que engloba el martirio de estas vírgenes en el lugar sobre el que se construyó una preciosa iglesia.

En la "Pasión" teatral inventada para narrar su historia, se puede ver que ellas provenían de Inglaterra con Ursula, hija del rey, escapando de los sajones paganos que estaban invadiendo el país.

Cuando su barco llegó a Colonia, Atila el terrible estaba por entonces allí con los Hunos.

Atila, duro, fuerte, de mal carácter y muy pasional quiso casarse con la bella joven Ursula. Las otras se las entregaría a sus soldados para que las violaran o hicieran lo que quisieran con ellas.

Pero el fanfarrón no esperaba la respuesta de estas chicas. Cuando se les acercó y les hizo sus proposiciones, éstas respondieron todas al unísono con la negativa más rotunda que se puede imaginar.

Enfurecido Atila, las mandó matar de la manera más dura posible.

Durante toda la Edad Media corría de pueblo en pueblo un romance en el que se contaba la historia de estas mártires. Tuvo un éxito increíble.

El Instituto de Angela de Mérici, ursulinas, la tomó como patrona de sus obras de apostolado.
Gracias a un cementerio descubierto en Colonia, se pudieron ver los restos de estas valientes chicas que prefirieron la muerte antes que ofender al Señor. Sus reliquias abundan en muchos templos.

El culto a santa Ursula y a sus compañeras se extendió muy pronto, y se levantaron muchas iglesia en su honor.

En el siglo XIII la Sorbona la adoptó como patrona y lo mismo ocurrió en las universidades de Coimbra y de Viena.

martes, 19 de mayo de 2026

+Santoral+







Santa Irene de Tancor

Mártir


20 de octubre

Fuente:   Catholic.net


Martirologio Romano: 

Santa Irene de Tancor, también conocida como Irene de Atenas, fue una santa y mártir cristiana que vivió en el siglo IX en la región de Tancor, en Asia Menor. Su vida y biografía están envueltas en la leyenda y la tradición, pero se cree que nació en Atenas en una familia noble y cristiana.






Breve Biografía

Desde temprana edad, Irene mostró una profunda devoción por su fe y un gran amor por los más necesitados. Se dedicó a ayudar a los pobres, enfermos y desamparados, siendo conocida por su caridad y compasión. Su vida de oración y penitencia la llevó a consagrarse por completo a Dios y a su servicio.

Según la tradición, Irene decidió consagrarse a Dios en la vida religiosa y se unió a un monasterio en Tancor, donde vivió una vida de oración, penitencia y servicio a los demás. Sin embargo, su vida tranquila y piadosa se vio amenazada por la persecución de los cristianos en la región.

En el año 843, el emperador Teófilo de Constantinopla emitió un edicto que prohibía la veneración de las imágenes sagradas, lo que desencadenó una ola de persecuciones contra los cristianos que se negaban a cumplir con esta orden. Irene, al negarse a renunciar a su fe y adorar a los ídolos, fue arrestada y llevada ante las autoridades.

A pesar de las torturas y los tormentos a los que fue sometida, Irene se mantuvo firme en su fe y se negó a renunciar a Cristo. Finalmente, fue condenada a muerte y decapitada por su valentía y fidelidad a su fe.

La vida y martirio de Santa Irene de Tancor han sido venerados por la Iglesia cristiana a lo largo de los siglos, siendo considerada como un ejemplo de fortaleza, valentía y fidelidad a Dios. Su fiesta se celebra el 21 de mayo en el calendario litúrgico de la Iglesia ortodoxa.

En resumen, la vida y biografía de Santa Irene de Tancor nos recuerdan la importancia de mantenernos firmes en nuestra fe, incluso en medio de la persecución y la adversidad. Su ejemplo de valentía y fidelidad sigue inspirando a los cristianos de hoy en día a seguir su camino de amor y servicio a Dios y a los demás.



Curiosidades de Santa Irene de Tancor

1. Santa Irene de Tancor es una santa venerada en la Iglesia Ortodoxa y en la Iglesia Católica.

2. Se cree que vivió en el siglo IV en la región de Bitinia, en la actual Turquía.

3. Según la tradición, Irene fue una mujer de gran belleza que decidió consagrarse a Dios y vivir una vida de oración y penitencia.

4. Se dice que Irene fue martirizada durante la persecución de Diocleciano, siendo torturada y finalmente decapitada por negarse a renunciar a su fe cristiana.

5. La festividad de Santa Irene de Tancor se celebra el 5 de mayo en la Iglesia Ortodoxa y el 3 de julio en la Iglesia Católica.

6. Santa Irene es considerada la patrona de las mujeres solteras, de los enfermos de cáncer y de los que sufren de dolores de cabeza.

7. En algunas representaciones artísticas, Santa Irene es mostrada con una palma, símbolo de su martirio, y con una corona de rosas, que representa su pureza y belleza espiritual.

8. La vida y martirio de Santa Irene de Tancor han inspirado numerosas obras de arte y devociones a lo largo de los siglos.

9. En la ciudad de Tancor, en Turquía, se encuentra un monasterio dedicado a Santa Irene, donde se conservan reliquias y se celebra su festividad cada año.

10. Santa Irene de Tancor es una santa venerada por su valentía, su fe inquebrantable y su ejemplo de entrega total a Dios.



Valores que nos enseña Santa Irene de Tancor

1. Humildad: Santa Irene de Tancor nos enseña la importancia de ser humildes y servir a los demás con sencillez y amor.

2. Caridad: La santa nos muestra la importancia de la caridad y el amor al prójimo, ayudando a los más necesitados y mostrando compasión.

3. Fe: Santa Irene nos enseña a confiar en Dios y a mantener nuestra fe en todo momento, incluso en las situaciones más difíciles.

4. Perseverancia: La santa nos inspira a perseverar en nuestra fe y en nuestras acciones, a pesar de los obstáculos que podamos enfrentar.

5. Compasión: Santa Irene nos muestra la importancia de tener compasión por los demás y de ayudar a aliviar el sufrimiento de quienes nos rodean.

6. Sacrificio: La santa nos enseña la importancia de sacrificarnos por los demás y de poner nuestras necesidades y deseos en segundo plano.

7. Generosidad: Santa Irene nos inspira a ser generosos con lo que tenemos y a compartir con los demás, especialmente con los más necesitados.

sábado, 18 de abril de 2015

VideoViolencia



Los Vídeo-Juegos violentos son muy

 dañinos para la mente del Niño


Muchos Padres a veces por ignorancia, o comodidad dejan a sus hijos horas frente al Televisor o en la Consola de Juegos, contentos porque los ven absortos y “tranquilos”, mientras su mente, pensamiento, personalidad está siendo entrenada para aceptar la cultura de la Muerte y la Violencia, como algo Natural. Literalmente se entrenan para matar, y ver la muerte del hombre por el hombre como cotidiano.

Los vídeo-juegos violentos están a la orden del día. Parece que cuanto más sangrientos o más crueles son, más éxito tienen.

Los estudios demuestran que los medios de comunicación violentos fomentan la conducta agresiva en niños y adultos susceptibles.  ¡Los niños “susceptibles” son los más vulnerables a hacerse agresivos cuando son expuestos a la violencia!

Los video juegos que son dañinos para los niños son aquellos en los que el niño pretende tener un arma y/o disfruta atacar a otras personas. Esto es así aún si las otras personas supuestamente son “los malos”. Algunos de los juegos también sancionan que los personajes masculinos ataquen a los personajes femeninos.  ¿Quiere usted que su niño piense que está bien lastimar a cualquiera que supuestamente sea “malo”?
Lo que hace daño a los niños es que aprenden a disfrutar la violencia.  Este aprendizaje trastorna el balance interior relacionado al placer de los niños. Cuando el balance de placer es alterado, los niños no disfrutan lo que deberían disfrutar.  ¡Algunos niños hasta se rehúsan a salir afuera a jugar!

ESTAMOS HABLANDO DE UNA EMPRESA QUE PRODUCE MILES DE MILLONES DE DOLARES. ES EL NEGOCIO DE ENTRAR EN LAS MENTES DE NUESTROS HIJOS

Consejos para los Padres 

Los padres pueden ayudar a sus niños a disfrutar de estos juegos y evitar los problemas mediante:
·         cotejar la evaluación del Consejo de Clasificación de Software de Entretenimiento [Entertainment Software Rating Board (ESRB)] en la caja de juegos para conocer el contenido del juego
·         seleccionar los juegos apropiados—tanto en contenido como en el nivel de desarrollo
·         jugar los juegos de vídeo con sus hijos, para experimentar el contenido del juego
·         establecer reglas claras acerca del contenido de los juegos y del tiempo que pueden dedicarle a jugarlos, ya sea dentro o fuera del hogar
·         advertirles claramente a los niños sobre el potencial de peligro serio de los contactos y relaciones en la Internet mientras están jugando juegos en línea
·         hablando con otros padres acerca de las reglas de su familia sobre los juegos de vídeo
·         recordando que usted es el modelo para su niño—incluyendo los juegos de vídeo que juega como adulto.
·         Replantee nuevas actividades con su hijo que le hagan apreciar las Artes, La Buena Música, La Naturaleza, La Sanas Relaciones Humanas, La Espiritualidad…



viernes, 17 de abril de 2015

MadreIglesia



La santa madre Iglesia

 Después de afirmar la fe en Dios uno y Trino el Credo da un salto cualitativo cuando afirma: “creo en la Iglesia…” El misterio de la Iglesia aparece insertado dentro del misterio de Dios-trino, ya que éste es su fuente y origen. El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son garantes de la Iglesia, pues donde están los tres, allí también se encuentra la Iglesia que es el cuerpo de los tres (Cfr. Tertuliano) La Iglesia hace visible el misterio trinitario.

Una, santa, católica y apostólica son las notas esenciales de la Iglesia proclamadas en el credo. Pero creer en la Iglesia no es creer en una doctrina, un concepto, una idea, sino que es una experiencia vital. Por eso la expresión de “madre Iglesia” supera a todas por ser la imagen más bella, repetida y entrañable. Es la que mejor expresa su naturaleza, lo que es en realidad, pues realiza las funciones de madre espiritual a imagen de la madre natural. Es contundente la expresión de San Cipriano (s.III): “No puede tener a Dios por Padre quien no tiene a la Iglesia por madre” (Sobre la unidad de la Iglesia, 6).

“La santa madre Iglesia” es la expresión más antigua usada por los santos padres, los concilios, sínodos y la predicación. Esta idea de “madre Iglesia” debe estar presente a lo largo de estas reflexiones como clave, prisma de visión o idea transversal que enfoca todo comentario. El Papa Francisco repite constantemente que la “Iglesia es nuestra madre y todos somos parte de ella; una madre misericordiosa, que comprende, que intenta ayudar, que no juzga sino que ofrece el perdón de Dios” (Audiencia General 11.09.13).

Hay ideas erróneas que se van propagando tendenciosamente fijándose sólo en lo exterior de una institución humana imperfecta y pecadora que aplica normas frías y exigentes, juzga y condena. Otros propagan la expresión más absurda que se puede pensar: “Cristo sí, Iglesia no”. Un cristiano que dijera eso se niega a sí mismo. La Iglesia es la prolongación de Cristo en el tiempo y la formamos todos, desde el Papa hasta el último recién bautizado. Es fundamental, pues, definir qué es la Iglesia.

QUÉ ES LA IGLESIA

La iglesia la fundó Jesucristo y la puso a andar en la historia el día de Pentecostés (Hch 2, 1ss). Aparece como la larga mano o prolongación de la acción de Cristo, guiada por el Espíritu Santo, caminando hacia la casa del Padre. Es el sacramento de Cristo y del Espíritu (CEC 738).

Para algunos la Iglesia es una estructura, una institución, un conjunto de leyes, una jerarquía. Estos se quedan sólo en lo exterior y en la periferia del ser de la Iglesia. La Iglesia no son unos muros fríos, ni unos despechos de administración, ni un parlamento de leyes. Sin duda que para funcionar necesita unas normas y unas estructuras, pero muy distintas de las del mundo, pues la única y gran ley que la conduce es la caridad.

Está compuesta por personas. Dice San Pedro: “También vosotros, como piedras vivas, sois edificados como edificio espiritual para un sacerdocio santo… vosotros sois una raza elegida, un sacerdocio real, una nación consagrada, un pueblo adquirido por Dios para proclamar las hazañas del que os llamó a salir de la tiniebla y a entrar en su luz maravillosa” (1P 2, 4-9).

Muchas figuras de diversos órdenes enriquecen la definición de Iglesia: madre, esposa de Cristo, pueblo de Dios (LG 9), sacramento y cuerpo de Cristo, sacramento de salvación universal, casa o familia de Dios edificación de Dios, maestra, luz de las gentes, labranza, viña, redil, grey de Dios, Jerusalén del cielo. Todas estas imágenes ayudan a ahondar lo que hay de invisible y misterio en la Iglesia, pues es, a la vez, una institución humana y divina. Está en el mundo pero lo trasciende. Su origen es divino y sólo lo podemos captar desde la fe. Dice San Ireneo: “Donde está la Iglesia, allí está el Espíritu de Dios; y allí donde está el Espíritu de Dios, allí está la Iglesia y toda la gracia” (Trat. contra las herejías, 3,24).

Se descubre el misterio de la Iglesia a través de sus acciones que prolongan la salvación de Cristo. Está en el mundo para proclamar el Reino de Dios anunciando el Evangelio, distribuyendo el depósito de la gracia por medio de los sacramentos; educa, ora, celebra, vive, renueva la humanidad. Está al servicio de la humanidad entera de quien recibe como pueblo de Dios sus hijos. Ejerce de buena samaritana del mundo, como Jesús, sirviendo a los más necesitados. Éste es el rostro auténtico y amable de la Iglesia madre.

Los santos, los mártires, los misioneros, que son los mejores hijos de la Iglesia exclamaban: amo a mi madre la Iglesia, creo en ella, entrego mi vida para ella. Entendían que así como a la madre se le quiere a pesar de sus arrugas, así mismo se ama a la Iglesia que durante siglos ha sufrido los avatares de la historia y se le ha pegado el polvo de mil caminos del mundo.

A pesar de los pecados de los miembros de la Iglesia, de las tensiones que siempre ha habido y habrá, a pesar de los defectos el fiel creyente siempre ama a la Iglesia. Ella nos ha engendrado para la vida de la fe, nos alimenta en sus sacramentos con la gracia de Dios, nos acompaña en el camino de la vida, nunca deja de acoger y perdonar. La Iglesia, según la expresión de los Padres, es el lugar “donde florece el Espíritu” (San Hipólito Romano, Traditio apostolica, 35).

Nuestra actitud es siempre la de aceptarla, amarla, comprenderla, colaborar con ella, sentirnos a gusto en su seno, mejorarla y rejuvenecerla con nuestra conversión continua para ser cada día más fieles a su misión. Es que cuando hablamos de Iglesia debemos pensar que la formamos todos los bautizados y todo lo que se pueda llamar pueblo de Dios. El Concilio Vaticano II enriqueció la definición del misterio de la Iglesia con la hermosa expresión de “Pueblo de Dios”.“Así, pues, de todas las gentes de la tierra se compone el Pueblo de Dios, porque de todas recibe sus ciudadanos, que lo son de un reino, por cierto no terreno, sino celestial” (LG 13). Así, la Iglesia es y está llamada a ser más plenamente misterio de amor, comunión, misión y unión.

LOS 5 MANDAMIENTOS DE LA IGLESIA

Según el Catecismo de la Iglesia Católica #2041-2043
Los mandamientos de la Iglesia se sitúan en la línea de una vida moral referida a la vida litúrgica y que se alimenta de ella. El carácter obligatorio de estas leyes positivas promulgadas por la autoridad eclesiástica tiene por fin garantizar a los fieles el mínimo indispensable en el espíritu de oración y en el esfuerzo moral, en el crecimiento del amor de Dios y del prójimo. Los mandamientos más generales de la Santa Madre Iglesia son cinco:

El primer mandamiento (oír misa entera los domingos y fiestas de precepto) 
Exige a los fieles participar en la celebración eucarística, en la que se reúne la comunidad cristiana, el día en que conmemora la Resurrección del Señor, y en aquellas principales fiestas litúrgicas que conmemoran los misterios del Señor, la Virgen María y los santos. 
El segundo mandamiento (confesar los pecados mortales al menos una vez al año, y en peligro de muerte, y si se ha de comulgar)
Asegura la preparación para la Eucaristía mediante la recepción del sacramento de la Reconciliación, que continúa la obra de conversión y de perdón del Bautismo.

El tercer mandamiento (comulgar por Pascua de Resurrección) 
Garantiza un mínimo en la recepción del Cuerpo y la Sangre del Señor en relación con el tiempo de Pascua, origen y centro de la liturgia cristiana.

El cuarto mandamiento (ayunar y abstenerse de comer carne cuando lo manda la Santa Madre Iglesia) 
Asegura los tiempos de ascesis y de penitencia que nos preparan para las fiestas litúrgicas; contribuyen a hacernos adquirir el dominio sobre nuestros instintos y la libertad del corazón.

El quinto mandamiento (ayudar a la Iglesia en sus necesidades) 
Señala la obligación de ayudar, cada uno según su capacidad, a subvenir a las necesidades materiales de la Iglesia.


Oración por la Santa Iglesia y por los sacerdotes


Oh Jesús mío, te ruego por toda la Iglesia:
concédele el amor y la luz de tu Espíritu
y da poder a las palabras de los sacerdotes
para que los corazones endurecidos
se ablanden y vuelvan a ti, Señor.
Señor, danos sacerdotes santos;
Tú mismo consérvalos en la santidad.
Oh Divino y Sumo Sacerdote,
que el poder de tu misericordia
los acompañe en todas partes y los proteja
de las trampas y asechanzas del demonio,
que están siendo tendidas incesantemente para las almas de los sacerdotes.
Que el poder de tu misericordia,
oh Señor, destruya y haga fracasar
lo que pueda empañar la santidad de los sacerdotes,
ya que tú lo puedes todo.
Oh mi amadísimo Jesús,
te ruego por el triunfo de la Iglesia,
por la bendición para el Santo Padre y todo el clero,
por la gracia de la conversión de los pecadores empedernidos.
Te pido, Jesús, una bendición especial y luz
para los sacerdotes,
ante los cuales me confesaré durante toda mi vida.
(Santa Faustina Kowalska)