Evangelio




“El poder del Señor esta él”

Santo Evangelio según San Lucas 5, 17-26.
Lunes II de Adviento.


Por: H. Jorge Alberto Leaños García, L.C. | Fuente: missionkits.org

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!

Oración preparatoria
Señor Jesús, dame la gracia de tener un verdadero encuentro contigo para ser, día tras día, más consciente de lo que eres para mí; para conocerte más íntimamente y reconocer tu mano providente en todo lo que me pongas enfrente. 



Evangelio del día
Del santo Evangelio según san Lucas 5, 17-26
Un día Jesús estaba enseñando, y estaban también sentados unos fariseos y doctores de la ley, venidos de todas las aldeas de Galilea, Judea y Jerusalén. El poder del Señor estaba con él para que hiciera curaciones.
Llegaron unos hombres que traían en una camilla a un paralítico y trataban de entrar, para colocarlo delante de él; pero como no encontraban por dónde meterlo a causa de la muchedumbre, subieron al techo y por entre las tejas lo descolgaron en la camilla y se lo pusieron delante a Jesús. Cuando él vio la fe de aquellos hombres, dijo al paralítico: "Amigo mío, se te perdonan tus pecados".
Entonces los escribas y fariseos comenzaron a pensar: "¿Quién es este individuo que así blasfema? ¿Quién, sino sólo Dios, puede perdonar los pecados?". Jesús, conociendo sus pensamientos, les replicó: "¿Qué están pensando? ¿Qué es más fácil decir: 'se te perdonan tus pecados' o 'levántate y anda'? Pues para que vean que el Hijo del hombre tiene poder en la tierra para perdonar los pecados -dijo entonces al paralítico-: Yo te lo mando: levántate, toma tu camilla y vete a tu casa".
El paralítico se levantó inmediatamente, en presencia de todos, tomó la camilla donde había estado tendido y se fue a su casa glorificando a Dios, y llenos de temor, decían: "Hoy hemos visto maravillas".

Palabra del Señor.

Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
En el inicio de los tiempos, Dios creó la inmensidad del universo, después la tierra y sus innumerables maravillas y finalmente, donó la vida a su creatura más amada, «el hombre». Sin embargo, es contrastante el que pueda haber personas que vivan en un ambiente inhumano y que vean la realidad con indiferencia, desprecio e incluso ira. El poder de Dios se mete en duda y se le comienza a ver con una mentalidad farisaica, llena de envidia y desprecio.
Para entender el porqué del mal es preciso recordar un sabio dicho: «Si tuviésemos la omnipotencia de Dios, cambiaríamos muchas cosas de nuestra vida. Pero, si también tuviésemos su sabiduría la dejaríamos tal cual».
Hay una razón profunda. Dios por algo permite el mal. Ante la prueba hay que esperar y confiar, a imitación del paralítico, quien, antes de recibir la salud física, recibió la reconciliación con Dios.
Esto, al menos a mí, me hacer pensar: ¿Qué es lo que espero de Dios? ¿La solución a mis problemas como si fuese el instrumento mágico que todo lo arregla? ¿O verdaderamente espero de Dios su sencilla amistad y paternidad para sentirme verdadero hijo y amigo?
¿Qué busco? ¿El poder de Dios o a Dios mismo que me amó hasta la muerte y una muerte de cruz? Aunque puedan surgir la injusticia y la incomprensión tendré presente que todo es para bien de los que aman a Dios.
Que este camino de seguimiento supuso en los primeros seguidores de Jesús mucho esfuerzo de purificación. Algunos preceptos, prohibiciones y mandatos los hacían sentir seguros; cumplir con determinadas prácticas y ritos los dispensaba de una inquietud, la inquietud de preguntarse: ¿Qué es lo que le agrada a nuestro Dios? Jesús, el Señor, les señala que cumplir es caminar detrás de Él, y que ese caminar los ponía frente a leprosos, paralíticos, pecadores. Esas realidades demandaban mucho más que una receta o una norma establecida. Aprendieron que ir detrás de Jesús supone otras prioridades, otras consideraciones para servir a Dios. Para el Señor, también para la primera comunidad, es de suma importancia que quienes nos decimos discípulos no nos aferremos a cierto estilo, a ciertas prácticas que nos acercan más al modo de ser de algunos fariseos de entonces que al de Jesús.

Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Haré un examen para ver con qué actitud me acerco a Dios.

Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.