La Santísima Trinidad
Solemnidad
Domingo después de Pentecostés
"Un sólo Dios, un solo
Señor"
El dogma fundamental, del que todo fluye y al que todo en el
cristianismo viene a parar es el de la Santísima Trinidad. De ahí que, después
de haber recordado uno tras otro en el curso del Cielo a Dios Padre, Hijo,
autor de la Redención, y a Dios Espíritu Santo, autor de nuestra santificación,
la Iglesia nos incita hoy a la consideración y rendida adoración del gran
misterio que nos hace reconocer y adorar en Dios la unidad de naturaleza en la
trinidad de personas.
"Apenas hemos celebrado la venida del Espíritu Santo, cantamos
la fiesta de la Santísima Trinidad en el Oficio del Domingo que sigue, escribía
San Ruperto en el siglo XII, y este lugar está muy bien escogido, porque tan
pronto como hubo bajado el Espíritu Santo, comenzó la predicación y la creencia;
y, en el bautismo, la fe y confesión en el nombre del Padre, y del Hijo, y del
Espíritu Santo."
Afirmaciones del dogma de la Trinidad, se ven continuamente en la
Liturgia. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, así empieza
y termina la Santa Misa y el Oficio divino, y se confieren los Sacramentos.
Igualmente, A los salmos sigue el Gloria Patri ...; los himnos tradicionales
acaban con la doxología y las oraciones con una conclusión en honor a las Tres
Divinas Personas.
La devoción a la Santísima Trinidad se inició en el siglo X, y a
partir de esta época se fue también difundiendo su fiesta litúrgica, entrando
en el calendario romano en 1331. Si bien desde el comienzo del cristianismo la
oración litúrgica se ha dirigido al Padre, por mediación del Hijo y en el
Espíritu Santo, y el mismo Jesús habló de Dios como una comunión de amor y
manifestó el misterio de las tres divinas personas, lo original de esta fiesta
es el honrar específicamente a Dios sin tener como motivo un acontecimiento
salvífico, ni la memoria de un santo. Se trata de "profesar la fe
verdadera, conocer la gloria de la eterna Trinidad y adorar su unidad
todopoderosa".
La antigua iglesia hispánica, en los siglos V al VII, enseñó
magníficamente la fe trinitaria, sobre todo en los concilios de Toledo, y de su
liturgia procede el prefacio propio de esta solemnidad. Es consolador saber que
nuestro Dios es "uno sólo, pero no solitario" (Concilio VI de Toledo,
año 638), amor puro que sólo busca darse de forma creadora y llevarnos a
participar en su unidad vital eterna.
El dogma de la Trinidad resplandeció
también en nuestras iglesias. Nuestros padres gozaban viendo en la altura,
anchura y largura admirablemente proporcionadas de esos edificios un símbolo de
la Trinidad; lo mismo que en sus divisiones principales y en las secundarias:
las tres entradas, las tres puertas, los tres ventanales y a menudo también las
tres torres. Por doquier, hasta en los detalles ornamentales, el número tres
repetido sin cesar obedece a una idea, a la fe en la Trinidad.
También la iconografía cristiana tradujo de mil maneras este mismo
pensamiento. Hasta el siglo XII a Dios Padre se le representó por una mano, que
sale de las nubes y bendice. En esa mano se significa la divina omnipotencia.
En los siglos XIII y XIV se ve ya la cara y luego el busto del Padre, en el
cual desde el siglo XV es representado como un venerable anciano vestido con
ornamentos papales.
Hasta el siglo XII Dios Hijo fue primero representado por una cruz,
por un cordero o bien por un gallardo joven semejante al Apolo de los gentiles.
Desde el siglo XII al XVI vemos ya representado a Cristo en la plenitud de la
edad y con barba. A partir del siglo XIII lleva la cruz y también aparece en
figura de cordero.
Al Espíritu Santo se le representó a lo primero por una paloma,
cuyas alas extendidas tocaban a veces la boca del Padre y del Hijo, para
demostrar cómo procede de entrambos. Ya desde el siglo XI aparece con la figura
de un niñito, por idéntico motivo. En el siglo XIII es un adolescente y en el
siglo XV un hombre hecho y semejante al Padre y al Hijo, pero con una paloma
sobre sí o en la mano, para distinguirle así de las otras dos divinas personas.
Más desde el siglo XVI la paloma torna a asumir el derecho exclusivo de
representar al Espíritu Santo.
Para representar a la Trinidad se adoptó la figura del triángulo.
También el trébol sirvió para figurar el misterio de la Trinidad y lo mismo
tres círculos enlazados con la palabra Unidad en el espacio central que queda
libre por la intersección de los círculos.
El Misterio
El misterio de la Santísima Trinidad consiste en que Dios es uno
solo y en Él hay tres Personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo.
El misterio de la Santísima Trinidad nos ha sido revelado por la
Persona, palabras y acciones de Jesucristo. Después de haber hablado por los
Profetas, Dios envió a su Hijo, Jesucristo, quien nos dio la Buena Nueva de la
salvación. Este es el mensaje de l Nuevo Testamento. Con sus palabras y
acciones, y especialmente en su sagrada Persona, Jesús nos dio a conocer las
más profundas verdades acerca de Dios. La Trinidad es el misterio más profundo.
Jesús nos ha revelado los secretos del Reino de los Cielos. La
suprema de sus enseñanzas es el secreto de Dios mismo. Nos ha hablado de la
vida de Dios. Nos enseñó que Dios, siendo uno solo, hay en El tres Personas
iguales. Nos dijo sus nombres: Padre, Hijo y Espíritu Santo.
Jesucristo se presentó a Sí mismo como el eterno y divino Hijo de
Dios. Afirmó que es el Hijo, el Unigénito del Padre, igual al Padre.
Jesús nos reveló más plenamente al Padre. Siempre hablaba de su
Padre llamándole por este nombre. Nos enseñó a amar a nuestro Padre celestial
porque nos ama. Él quiere ayudarnos en todas las necesidades de alma y cuerpo.
Quiere llevar a sus hijos a su hogar del Cielo.
Jesús reveló la tercera Persona divina, el Espíritu Santo. El Padre
y el Hijo, después de la Resurrección, lo enviaron a la Iglesia. Jesús había
prometido enviar la tercera Persona, Dios igual que El mismo y el Padre.
Jesús, el Divino Maestro, habló a sus discípulos acerca del
verdadero Dios y los llamó a ser hijos de Dios por el don del Espíritu.
Honramos a la Santísima Trinidad siempre que tomamos conciencia de
que Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo están presentes en nuestra alma. Le
honramos asimismo cuando tratamos de entender con la ayuda de la fe que por el
Bautismo estamos llamados a íntima unión de amor con las tres divinas Personas.
Oración a la Santísima Trinidad de Santa
Catalina de Siena
¡Oh Trinidad eterna! Tú eres un mar sin fondo en el que, cuanto más me
hundo, más te encuentro; y cuanto más te encuentro, más te busco todavía. De ti
jamás se puede decir: ¡basta! El alma que se sacia en tus profundidades, te desea
sin cesar, porque siempre está hambrienta de ti, Trinidad eterna; siempre está
deseosa de ver tu luz en tu luz. Como el ciervo suspira por el agua viva de las
fuentes, así mi alma ansía salir de la prisión tenebrosa del cuerpo, para verte
de verdad...
¿Podrás darme algo más que darte a ti mismo? Tú eres el fuego que
siempre arde, sin consumirse jamás. Tú eres el fuego que consume en sí todo
amor propio del alma; tú eres la luz por encima de toda luz...
Tú eres el vestido que cubre toda desnudez, el alimento que alegra con
su dulzura a todos los que tienen hambre. ¡Pues tú eres dulce, sin nada de
amargor!
¡Revísteme, Trinidad eterna, revísteme de ti misma para que pase esta vida mortal en la verdadera obediencia y en la luz de la fe santísima, ¡con la que tú has embriagado a mi alma!