Estigmas

Los estigmas de San Francisco de Asís

14 Septiembre

Alrededor de la fiesta de la Asunción de 1224, el Santo se retiró a Monte Alverna y se construyó ahí una pequeña celda.
 
Llevó consigo al hermano León, pero prohibió que fuese alguien a visitarle hasta después de la fiesta de San Miguel. Ahí fue donde tuvo lugar, alrededor del día de la Santa Cruz de 1224, el milagro de los estigmas, del que hablamos el 14 de septiembre. 

Francisco trató de ocultar a los ojos de los hombres las señales de la Pasión del Señor que tenía impresas en el cuerpo; por ello, a partir de entonces llevaba siempre las manos dentro de las mangas del hábito y usaba medias y zapatos.


«… nos encontramos con el amor y el dolor, que forman el corazón de la vida cristiana: Francisco tiene la lucidez y el valor de pedirle al Señor, porque él sabe que este es el camino estrecho que conduce a la verdadera alegría.» 

(https://ofm.org/es/blog/feast-of-the-stigmata-2016/)


Antes de salir de Monte Alverna, el Santo compuso el 

“Himno de alabanza al Altísimo”. 


Tú eres santo, Señor Dios único, que haces maravillas.
Tú eres fuerte, tú eres grande, tú eres Altísimo.
Tú eres Rey omnipotente.

Tú eres Padre santo, Rey del cielo y de la tierra.
Tú eres Trino y Uno, Señor Dios de los dioses.
Tú eres el Bien, todo el Bien, el sumo Bien, Señor Dios vivo y verdadero.

Tú eres Amor, tú eres Caridad.
Tú eres Sabiduría, tú eres Humildad, tú eres Paciencia.
Tú eres belleza, tú eres Seguridad, tú eres Paz.
Tú eres Gozo y Alegría, tú eres nuestra Esperanza.
Tú eres Justicia, tú eres Templanza, tú eres toda nuestra Riqueza.

Tú eres Belleza, tú eres Mansedumbre.
Tú eres Protector, tú eres nuestro Custodio y Defensor.
Tú eres Fortaleza, tú eres Refugio.
Tú eres nuestra Esperanza, tú eres nuestra Fe.
Tú eres Caridad, tú eres nuestra Dulzura.
Tú eres nuestra Vida eterna, grande y admirable Señor,
Dios Omnipotente, misericordioso Salvador".

Poco después de la fiesta de San Miguel bajó finalmente al valle, marcado por los estigmas de la Pasión y curó a los enfermos que le salieron al paso.

Francisco de Asís, te identificaste con Jesús pobre y crucificado; Recibiste las llagas del gran Amado que siempre amaste;

Recibiste las llagas de la pasión, por ser apasionado de la vida; Recibiste las llagas que te identificaron con los crucificados y las víctimas.

Francisco fuiste un hombre apasionado por el Reino de Dios;
Apasionado por el evangelio que te hizo libre y audaz;
Apasionado en ser hermano de todos y de cada criatura;
Apasionado y libre del sistema mercantilista de la edad media;

Apasionado y libre del sistema feudal que generaba desigualdad;
Apasionado por la fraternidad, por la amistad e igualdad social;
Apasionado por estar y asumir la causa de los pobres;
Apasionado por ser amigo y servidor de los leprosos;

Apasionado y reconstructor de la Iglesia que está en ruinas;
Apasionado por una iglesia pobre, sin violencia y sin autoritarismo despóticos;
Apasionado por anunciar la Buena Nueva de Jesús en todos los rincones;

Francisco de Asís, inspira nuestras vidas, enciende nuestro amor, impulsa nuestra pasión por el Reino de Dios que comienza con los menores, pobres y excluidos; apasiona nuestras vidas por el cuidado y defensa de la CASA COMUN. 

Amen

(hermanosol.org)


El Santuario de La Verna, lugar de pereginación 

Fue al santuario franciscano de La Verna, en las montañas del sureste de Toscana, para ayunar durante 40 días y noches, en honor al Arcángel Miguel.



Ubicado en la ladera de la montaña se encuentra un importante santuario franciscano: La Verna. Un entorno espléndido donde se entrecruzan espiritualidad, naturaleza, arte y cultura.

Justo antes de hacer la primera curva en horquilla, un buen guía destacaría el castillo en ruinas del Conde Orlando en el pequeño pueblo de Chiusi. De hecho, fue este conde, el señor de esta región, quien ofreció su montaña a san Francisco para meditar y rezar.

A Francisco le encantaba La Verna y volvió seis veces en su vida.

La última vez que visitó el lugar, el 17 de septiembre de 1224, sucedió algo extraordinario: recibió las heridas de Cristo en sus manos, pies y costado.

Francisco estaba en La Verna para rezar y ayunar durante 40 días como preparación para la fiesta de San Miguel Arcángel (29 de septiembre).

Los primeros biógrafos franciscanos dicen que san Francisco había rezado por dos dones: sentir en su cuerpo el dolor que Jesús sintió durante su Pasión y conocer en su corazón el amor que Jesús sintió por toda la humanidad. Entonces, se le apareció un ángel serafín de seis alas y Francisco recibió heridas de carne endurecida que sobresalieron en sus manos, pies y costado.

De inmediato, Francisco se encogió de dolor, pero también quedó abrumado de alegría. Francisco entendió, como es propio de los santos, que hay una conexión entre sacrificio y caridad; la cruz es el sacrificio definitivo, la caridad definitiva de Dios.

Los estigmas son un misterio. Igual que la Cruz de Cristo es un misterio –que el Hijo de Dios se entregara a la Pasión por nuestros pecados–, en ocasiones, muy raras, el Señor escoge ciertas almas víctimas para “sufrir [en su carne] lo que falta a los padecimientos de Cristo, para bien de su Cuerpo, que es la Iglesia” (Col 1,24).


El misterio de lo que sucedió a Francisco en La Verna es algo sobre lo que hay que meditar y reflexionar. En última instancia, hay algo más grande que las llagas de Cristo o de Francisco. La cruz es un mero camino hacia la Resurrección. Sin la cruz no hay Resurrección; sin que Dios baje al mundo, no hay manera de subir al Cielo.

Igual que el Viernes Santo evoca la cruz litúrgicamente, el Domingo de Pascua nos recuerda la Resurrección.




El sufrimiento no tiene la última palabra; la Resurrección sí.

Hoy en día, La Verna es un importante santuario italiano. Tiene una gran comunidad permanente de frailes franciscanos, un noviciado para jóvenes frailes en formación y varios dormitorios para retiros. En días festivos importantes (como la fiesta de San Francisco, el 4 de octubre, o la Fiesta de los estigmas de San Francisco, el 17 de septiembre), multitudes de varios miles de peregrinos visitan el santuario para una misa especial y recibir bendiciones del obispo de Arezzo.

Los visitantes pueden explorar los amplios terrenos y quedarse para hacer retiros en cualquiera de las tres casas de invitados.

Cabe destacar la basílica de Santa María de los Ángeles junto a la entrada original del santuario. Esta fue la primera iglesia en este terreno, construida en el siglo XIII y adornada con cerámica vidriada, conocida como mayólica, obra de los famosos hermanos Della Robbia de Florencia.

Sube algunos escalones hacia la cruz y estarás en el Cuadrante. Desde aquí, a 1228 metros por encima del nivel del mar, hay unas vistas espléndidas del valle del Casentino.

Al final de un pasillo (construido para proteger a los frailes del frío durante sus procesiones diarias) se encuentra la capilla de los Estigmas. Donde otrora hubiera una montaña baldía, en 1263 se construyó una capilla sobre el lugar donde san Francisco recibió los estigmas. En el suelo frente al altar se encuentra una losa en recuerdo del lugar exacto.

(https://es.aleteia.org)


La Cuaresma a San Miguel Arcángel

¿QUÉ HACER?¿COMO HACERLA?


SAN FRANCISCO DE ASÍS Y SU DEVOCIÓN A SAN MIGUEL ARCÁNGEL.





San Francisco de Asís fue especialmente devoto al Arcángel Miguel y dice a menudo que San Miguel debe ser especialmente honrado porque su deber es presentar las almas a Dios. San Francisco decía que:

“Cada persona debe ofrecer a Dios algún elogio especial o un regalo en honor del príncipe tan grande”

La devoción a este glorioso Príncipe de la celestial milicia fue una de las favoritas del Seráfico Padre, quien le invocaba frecuentemente.

Ayunaba durante cuarenta días de la fiesta de la Asunción (15 de agosto) al día de la fiesta de San Miguel el 29 de septiembre.

LAS CUARESMAS QUE HACIA SAN FRANCISCO DE ASIS

Para San Francisco la oración y el ayuno tiene especial lugar en su ascesis. Él nos dice en su Regla No Bulada (III,1): “Dice el Señor: ‘esta clase de demonios no puede salir más que a fuerza de ayuno y oración’ (cf. Mc 8,28)”. El monte Alvernia es una demostración clara de que San Francisco, al final de sus días, sentía la necesidad de lo que llamamos “ratos fuertes de oración y de una experiencia del desierto” (Charles de Foucault). Su inserción en Dios era tan fuerte y profunda, que era un hombre hecho oración.

San Francisco no se contenta de vivir la Cuaresma así dicha “Grande” o de la Redención, convocada por la Iglesia, que inicia el Miércoles de Cenizas hasta la Semana Santa en preparación a la Pascua (RegB III, 6). Creó la Cuaresma de Adviento o de la Encarnación, en preparación a la Navidad, que san Francisco hacía, y que va de la fiesta de todos los Santos a la vigilia de la Natividad del Señor. Solo estas dos eran obligatorias para todos sus frailes, escribe en la Regla (RegB III, 6): Y ayunen desde la fiesta de Todos los Santos hasta la Navidad del Señor.
Sin embargo, la santa cuaresma que comienza en la Epifanía y se prolonga cuarenta días continuos, la que el Señor consagró con su santo ayuno (cf. Mt 4,2).

San Francisco personalmente hace otras tres, y todas ellas pasaba en ayunas y oraciones, apartado del mundo, para estar solo y solamente con Dios, en continuo proceso de conversión. Viviendo más profundamente el misterio de la Encarnación de Jesucristo, la Cuaresma de la Epifanía o “Benedetta” (RegNB III, 11; LM IX, 2); con esta cuaresma, San Francisco entendía hacer una relación entre el tiempo de Navidad y de Pascua. Como ya vimos, él no hace separación entre la Navidad y la Pascua, pues representan los dos polos del único misterio de salvación.

Su gran devoción por los santos y servidores celestiales hacen en él una cuaresma especial, toda propia del Poverello, que no la ha impuesto y ni menos la aconseja a sus frailes; la busca solo para sí mismo. La Cuaresma en honor a San Miguel, ayunaba devotísimamente e iniciaba el día de la Asunción (15 de Agosto), y la terminaba en el día de la fiesta de San Miguel Arcángel (29 de Septiembre). Solía decir que: “cada uno debería ofrecer alguna alabanza u ofrenda especial a Dios en honor a tan gran príncipe” (2Cel 197; LM VIII, 10, IX 3, XIII, 1.5.)

Otra devoción cuaresmal del Seráfico hermano era a los santos Pedro y Pablo; “exprimía” la comunión con la sagrada jerarquía, sobre todo, con el papa, signo de la unidad de la Iglesia. Iniciaba el día de la fiesta de los apóstolos Pedro y Pablo (29 de Junio) hasta la fiesta de Asunción (15 de Agosto), demostrando la particular devoción por María, madre y figura de la Iglesia (LM IX, 3).

Tenemos así las cinco las cuaresmas de San Francisco durante el año: esto quiere decir que cerca de doscientos días él pasaba cada año en soledad, orando y mortificándose; apartado de las personas, solo con Dios.

Todos los Biógrafos de San Francisco coinciden en decir poco acerca de lo que el Serafín Humanado realizaba en la Cuaresma de San Miguel, mas sin embargo lo poco que dicen es significativo: ORACION Y AYUNO.

A continuación, se les plantea ciertas Plegarias Devocionales, que pueden usarse durante este periodo de tiempo, complementado con alguna otra acción pía, en honor del Príncipe de la Milicia Celestial.

ORACIÓN A SAN MIGUEL ARCÁNGEL 

(Del Papa León XIII, Terciario Franciscano):

"San Miguel Arcángel,
defiéndenos en la batalla.
Sé nuestro amparo
contra la perversidad y asechanzas
del demonio.
Reprímale Dios, pedimos suplicantes,
y tú Príncipe de la Milicia Celestial,
arroja al infierno con el divino poder
a Satanás y a los otros espíritus malignos
que andan dispersos por el mundo
para la perdición de las almas.
Amén."

ORACIÓN A SAN MIGUEL ARCÁNGEL:
¡Príncipe glorioso de los Ángeles y amado protector mío! Te invoco con todo el afecto de mi corazón y me acojo bajo tu celestial amparo. Bien sabes cuan duros son los combates de la vida, el odio y las insidias de Satanás…Como un día le humillaste en el cielo, humíllale nuevamente, y en particular, en los últimos momentos de mi vida, para que yo, trofeo tuyo, pueda bendecir eternamente a Dios en el cielo. Amen.

“¡San Miguel Arcángel, defiéndenos en la lucha, para que no perezcamos en el tremendo juicio!”

CORONA ANGÉLICA DEL ARCÁNGEL SAN MIGUEL.

Un día San Miguel Arcángel apareció en Portugal a la Sierva de Dios Antonia De Astónac, Venerable Carmelita portuguesa, que a San Miguel fue siempre muy devota. El arcángel le dijo a la religiosa que deseaba ser honrado mediante la recitación de nueve salutaciones. Estas nueve plegarias corresponden a los nueve coros de ángeles. La corona consiste de un Padrenuestro y tres Ave Marías 
LA CUARESMA DE SAN MIGUEL: en honor de cada coro angelical. Esta forma de oración en honor del Santo Arcángel fue el deleite de un monasterio de Vetralla, en la diócesis de Viterbo, Italia, y de forma especial de Sor Angela María Colomba, monja carmelita, muerta en olor de santidad. El 8 de agosto de 1851 Pío IX concedió indulgencias a la práctica de este piadoso ejercicio.


Promesas: A los que practican esta devoción en su honor, San Miguel promete grandes bendiciones: Enviar un ángel de cada coro angelical para acompañar a los devotos a la hora de la Santa Comunión. Además, a los que recitasen estas nueve salutaciones todos los días, les asegura que disfrutarán de su asistencia continua. Es decir, durante esta vida y también después de la muerte. Aun mas, serán acompañados de todos los ángeles y con todos sus seres queridos, parientes y familiares serán librados del Purgatorio.

A ser posible, delante de una imagen del santo Arcángel, hacer un acto de verdadera contrición y rezar a continuación devotamente las siguientes salutaciones:

V. Oh Dios, ven en mi ayuda.
R. Apresúrate, Señor a socorrerme. Gloria al Padre...

SALUTACIÓN I. Un Padrenuestro y tres Avemarías al primer coro angélico.
Por intercesión del glorioso arcángel san Miguel y del celeste coro de Serafines, suplicamos al Señor nos haga dignos de una llama de perfecta caridad. Amén.

SALUTACIÓN II. Un Padrenuestro y tres Avemarías al segundo coro angélico.
Por intercesión del glorioso arcángel san Miguel y del coro celeste de Querubines, quiera el Señor concedernos la gracia de abandonar el camino del pecado, y de correr por el de la perfección cristiana. Amén.

SALUTACIÓN III. Un Padrenuestro y tres Avemarías al tercer coro angélico.
Por intercesión del glorioso arcángel san Miguel y del sagrado coro de los Tronos, infunda el Señor en nuestros corazones un espíritu de verdadera y sincera humildad. Amén.

SALUTACIÓN IV. Un Padrenuestro y tres Avemarías al cuarto coro angélico.
Por intercesión del glorioso arcángel san Miguel y del coro celeste de las Dominaciones, quiera el Señor concedernos la gracia de poder dominar nuestros sentidos y corregir las pasiones depravadas. Amén.

SALUTACIÓN V. Un Padrenuestro y tres Avemarías al quinto coro angélico.
Por intercesión del glorioso arcángel san Miguel y del celeste coro de las Potestades, dígnese el Señor librar nuestras almas de las asechanzas y tentaciones del demonio. Amén.

SALUTACIÓN VI. Un Padrenuestro y tres Avemarías al sexto coro angélico.
Por intercesión del glorioso arcángel san Miguel y del coro de las admirables Virtudes celestiales, no permita el Señor que caigamos en las tentaciones, sino que nos libre de todo mal. Amén.

SALUTACIÓN VII. Un Padrenuestro y tres Avemarías al séptimo coro angélico.
Por intercesión del glorioso arcángel san Miguel y del coro celeste de los Principados, dígnese Dios llenar nuestras almas del espíritu de verdadera y sincera obediencia. Amén.

SALUTACIÓN VIII. Un Padrenuestro y tres Avemarías al octavo coro angélico.
Por intercesión del glorioso arcángel san Miguel y del coro celeste de los Arcángeles, quiera el Señor concedernos el don de la perseverancia en la fe y en las obras buenas, para que podamos conseguir la gloria del paraíso. Amén.

SALUTACIÓN IX. Un Padrenuestro y tres Avemarías al noveno coro angélico.
Por intercesión del glorioso arcángel san Miguel y del coro celeste de todos los Ángeles, dígnese el Señor concedernos que nos guarden en la presente vida mortal, y después nos conduzcan a la gloria eterna de los cielos. Amén.

A continuación se rezan cuatro Padrenuestros: el primero a San Miguel, el segundo a san Gabriel, el tercero a san Rafael, y el cuarto a nuestro Ángel Custodio.

Se concluye este ejercicio con la siguiente antífona y oración final:

Antífona. Gloriosísimo príncipe san Miguel arcángel, cabeza y jefe de los ejércitos celestiales, depositario de las almas, vencedor de los espíritus rebeldes, doméstico en la real morada de Dios, nuestra guía admirable después de Jesucristo, y de excelencia y virtud sobrehumanas, dignaos librar de todo mal a todos los que acudimos a Vos con confianza, y haced por medio de vuestra protección incomparable que adelantemos cada día en servir fielmente a nuestro Dios.

V. Rogad por nosotros, oh gloriosísimo San Miguel arcángel, príncipe de la Iglesia de Jesucristo.
R. Para que seamos dignos de alcanzar sus promesas.

Oración. Omnipotente y sempiterno Dios, que con un prodigio de bondad y misericordia para la salvación de todos los hombres elegisteis por príncipe de vuestra Iglesia al gloriosísimo san Miguel arcángel; os suplicamos nos hagáis dignos de que con su benéfica protección nos libre de todos nuestros enemigos, para que ninguno de ellos nos moleste en la hora de nuestra muerte, sino que seamos conducidos por él a la presencia de vuestra divina Majestad. Por los méritos de Nuestros Señor Jesucristo. 

Amén.

Tomado de: Franciscanos Capuchinos del Norte de México