MaríaEsperanza

Sierva de Dios María Esperanza, 
Mensajera de la Reconciliación
Vidente de la Virgen: 
María Reconciliadora de los Pueblos y Naciones, Betania

Jesucristo dijo: “Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos.” (Mateo 5:3) Los pobres en espíritu se reconocen por su humildad y la humildad fue la virtud sobre la que más hizo hincapié la Sra. María Esperanza Medrano de Bianchini durante toda su vida. Inclusive se le oyó decir en muchas oportunidades una frase que recibió por inspiración divina y que está ahora impresa en el féretro que contiene sus restos, dicha frase reza así: “La humildad es el puente de cristal que nos conduce al cielo.”

La vida de la Sra. María Esperanza sin duda estuvo llena de signos sobrenaturales que dejaban entrever la presencia de Dios en todas sus acciones, pero a pesar de esto, ella jamás hizo alarde de las gracias que Dios le regaló. Los mismos relatos sobre su nacimiento tienen carácter sobrenatural, se dice que su madre, Doña María Filomena Parra de Medrano, le pedía con ansias a la Santísima Virgen y a Jesús de la Buena Esperanza, que le hicieran el milagro de darle una hija y como promesa les dijo que la llamaría María Esperanza. Doña María Filomena para ese entonces tenía tres varones, por eso soñaba con una niña.

La Virgen y Jesús respondieron a su clamor con el nacimiento de María Esperanza y según cuentan los habitantes de San Rafael, pueblo fronterizo de Barrancas, ubicado al sureste del Estado Monagas, Venezuela para ese día, 22 de noviembre de 1926, Doña María Filomena, con fuertes dolores de parto, abordó una humilde embarcación. Estaba dirigiéndose con gran apuro hacia el hospital del pueblo para dar a luz, pero no pudiendo llegar a puerto, tuvo su bebé en la misma barca justo en la unión del río Orinoco y el Caroní. Así nació María Esperanza el día de Santa Cecilia, patrona de la música.
Su profunda espiritualidad se dejaba ver hasta en su forma de jugar. Contaban algunas de sus amiguitas que en varias ocasiones la vieron jugar con sus muñecos simulando que éstos eran monjas y sacerdotes.
También dicen haberla escuchado pidiéndole permiso a Dios, en el altar de su capillita, antes de salir a jugar: “Si quieres yo salgo al patio con mis amiguitas, pero si prefieres yo me quedo contigo.”

A la edad de cinco años experimentó su primer encuentro místico. Despidiéndose de su madre, mientras ésta se embarcaba para un viaje, María Esperanza vio a Santa Teresita del Niño Jesús emerger de las aguas del río Orinoco y lanzarle una rosa, la cual tomó en su mano; la rosa era roja y aterciopelada. Ella se la entregó a su madre quien se quedó sorprendida, pues no había flores en el lugar. Desde ese momento en adelante las rosas y su fragancia siempre rodearon su vida.

A lo largo de su vida ella siempre tuvo profundos deseos de ser religiosa y decidió hacer un ensayo para ello, por lo cual vivió un tiempo con las Hermanas Franciscanas de Mérida, pero para su sorpresa el 3 de octubre de 1954, dos días después de la festividad de Santa Teresita del Niño Jesús, María Esperanza, estando en la Capilla del convento vio a la joven Santa que se le apareció de nuevo, en esta oportunidad también le lanzó una rosa, pero al tomarla una espina le hincó su mano y sangró. Mientras todo esto sucedía María Esperanza escuchó al Sagrado Corazón de Jesús que le dijo: “Tu misión no será la de ser religiosa, tú te santificarás en el mundo como esposa y madre de familia llevando mi mensaje.”

Para el 7 de octubre de 1954, día de la festividad de Nuestra Señora del Rosario, la Madre de Dios se le presentó con el siguiente mensaje: “Además de la Comunión diaria, ayuno, oración, penitencia, debes permanecer en gran recogimiento porque volveré el 12 de octubre (festividad de Nuestra Señora del Pilar en Zaragoza) para preparar tu corazón de madre espiritual de las almas, el cual quedará sellado para siempre como tal. Además serás madre de siete hijos: seis rosas y un botón.”

Después de dejar el convento, Nuestro Señor Jesucristo le dijo a María Esperanza en un mensaje que fuera a Roma donde recibiría las bendiciones del Papa Pío XII.

En Roma, en 1955, se cumplió una profecía que San Juan Bosco le había revelado. Dicha profecía señalaba que un 1º de noviembre, festividad de Todos los Santos, frente a la Iglesia del Sagrado Corazón de Jesús, la cual fue construida por el mismo San Juan Bosco, ella conocería a quien sería su esposo, y entre los signos para reconocerlo estaba el de una espada que él llevaría. Fue allí y ese mismo día cuando conoció a su prometido, Geo Bianchini Giani. Tuvo la plena confirmación de que él era el ser señalado al verlo uniformado como Guardia de la Presidencia de la República con su espada reglamentaria.

Más tarde y por inspiración divina María Esperanza fue a hablar con el Párroco de la Basílica de San Pedro, Monseñor Giulio Rossi, con la intención de solicitarle un permiso especial para casarse en la Capilla del Coro de la Inmaculada Concepción, donde el Papa Pío IX, ciento dos años antes, había decretado dicho dogma. Monseñor Giulio Rossi, después de ver un brillo particular en el rostro de María Esperanza decidió solicitar al Papa Pío XII la aprobación para la realización del matrimonio en la histórica Capilla, el Papa expresó que la conocía y que daba su autorización. El matrimonio se celebró el 8 de diciembre de 1956, día de la fiesta de la Inmaculada Concepción en la Capilla con el mismo nombre.

Desde ese momento el Sr. Geo fue su más fiel compañero, permaneciendo a su lado en todo momento, identificado plenamente con su misión y apoyándola en la formación de su hermosa familia, las seis rosas y el botón que la Virgen le prometió a la Sra. María Esperanza (6 Niñas y un niño)

Una de las figuras claves en la vida de la Sra. María Esperanza fue el reconocido Santo italiano San Padre Pío de Pietralcina, quien después de su muerte en el año 1968 le dejó, como herencia espiritual de incalculable valor, las llagas de Nuestro Señor Jesucristo.
Años más tarde, y de acuerdo con las descripciones hechas por la Santísima Virgen en sus mensajes, la Sra. María Esperanza y su esposo, el Sr. Geo, encontraron Finca Betania, un fundo agrícola ubicado a doce kilómetros de Cúa, parroquia de Nuestra Señora del Rosario de la diócesis de Los Teques, Estado Miranda.

Nuestra Madre Celestial cumplió su promesa de que se haría presente en la Finca y en la festividad de la Anunciación, el 25 de marzo del año 1976, apareció por primera vez en Betania. La Sra. María Esperanza fue la única que pudo verla, sin embargo, aproximadamente ochenta personas presentes ese mismo día observaron una nube que brotó del monte, variados fenómenos luminosos y el sol girando. La Sra. María
Esperanza volvió a ver la aparición en el sitio durante ese año y en los años sucesivos.
 
En la festividad de la Anunciación en 1978, que ese año fue Sábado Santo, la Virgen le dijo: “Hijita, éste no es un sueño; es una realidad mi presencia entre vosotros. ¡Obedece y sigue fiel a esta Madre para que puedas gozar por toda la eternidad! Acepta la ardua tarea de llevar mi mensaje de amor y reconciliación a todos los pueblos y naciones. Sufrirás, pero qué gozo y dicha será ver que has sido fiel a ésta, vuestra Madre. Os llevo de la mano.”

El 27 de noviembre de 1978 la Santísima Virgen le dijo: “Para el año 1983 podrás con gran claridad
comenzar a realizar la labor del movimiento de tierra, y luego en 1984 el Gran Acontecimiento de mi presencia en el lugar, y allí… conversiones, sanaciones de cuerpo y alma, vocaciones sacerdotales y religiosas, unión en los matrimonios, familias regeneradas a la fe, carismas del Espíritu Santo obrando en todos cuantos se acerquen con humildad. Los que arrepentidos y llorando sus extravíos vuelvan sus ojos a la gruta de mi aparición pidiéndome perdón, recibirán un caudal de gracias; todos serán bien recibidos, sus almas quedarán puras y limpias como el día que fueron purificados por el santo Bautismo, todos resucitarán con mi Hijo. ¡El 25 de marzo de ese año, una gracia muy especial te daré... todos los allí presentes me verán, ya llega ese gran día!”

Efectivamente, tal y como la Virgen le había anunciado, el 25 de marzo de 1984, ella se apareció de nuevo, pero en esta oportunidad pudiendo ser vista por todos los presentes, alrededor de 150 personas. Quienes tuvieron el privilegio de presenciar tan increíble acontecimiento dicen haberla visto 7 veces en un lapso de aproximadamente 3 horas durante la tarde. Esta aparición fue conocida públicamente a raíz de los testimonios de un grupo considerable de personas que esa misma semana acudieron a la Curia Diocesana presidida en ese momento por Monseñor Pío Bello Ricardo (+), Jesuita con doctorado en psicología, y sólida formación teológica recibida en la facultad de Oña (Burgos, España), quien los recibió e interrogó con amabilidad y apertura aunque, como él mismo afirmó, con actitud interior de duda y escepticismo. No obstante, dada la calidad de los informantes y los datos que exponían, juzgó que el asunto debía ser investigado con seriedad. Dedicó más de 500 horas a esta investigación lo que incluyó un viaje especial a Roma para recibir instrucciones de la Santa Sede. Estudió más de 381 declaraciones escritas, algunas colectivas; el número de personas que firman esas declaraciones es de 490 y entrevistó a más de 200 testigos.

Finalmente, convencido de la autenticidad de las apariciones, él oficialmente dio la aprobación de la Iglesia el 21 de noviembre del año 1987: “En consecuencia, después de haber estudiado con empeño las apariciones de la Santísima Virgen María en Finca Betania, y de haber pedido asiduamente al Señor el discernimiento espiritual, declaro que a mi juicio dichas apariciones son auténticas y tienen carácter sobrenatural.”

Así, Betania se convirtió en la cuarta aparición aprobada por la Iglesia católica en el siglo XX.

María Reconciliadora (Tallada según descripción de María Esperanza)


María Esperanza de Bianchini
 declarada “Sierva de Dios”

 El 31 de enero del 2010 en la Catedral de San Francisco de Asís de Metuchen, en Nueva Jersey, EE.UU. situada a 45 kilómetros de Nueva York, se llevó a cabo la apertura de la causa de beatificación y canonización de la mensajera de la Virgen de Betania, Sra. María Esperanza Medrano de Bianchini.

La catedral alberga 1000 personas, pero para este acto oficial no se dio a basto, por lo que tuvieron que habilitar un centro aledaño con pantalla gigante para las más de 400 personas que deseaban participar en aquel magno evento.

El Obispo de Metuchen, Su Excelencia Monseñor Paul Bootkoski abrió el proceso declarando que existían suficientes motivos para la apertura de la causa de María Esperanza, madre de siete hijos, quien desde los cinco años de edad tuvo revelaciones celestiales, visiones del porvenir, el don del entendimiento, el don de curación, la capacidad de leer los corazones, los estigmas y emanación de aromas a santidad, entre otros carismas. “A lo largo de su vida, María Esperanza fue un ejemplo extraordinario de humildad, esperanza y amor incondicional.”

Con la presencia de 2 obispos y 43 sacerdotes y se llevó a cabo una Misa solemne a las 3:00 de la tarde, con la participación de la Coral Betania de Venezuela. Los 67 miembros de la coral están conformados por todos los hijos y respectivos esposos de la Sra. María Esperanza, así como por sus nietos e hijos espirituales. De Venezuela más 160 personas se trasladaron a Nueva Jersey para asistir a este acto donde muchos sacerdotes y laicos de Estados Unidos, Canadá, Islas Caimán, Perú, Ecuador, Argentina e Italia se hicieron presentes.

Su Excelencia, Monseñor Paul Bootkoski inició la celebración expresando: “Hermanos y hermanas, nos reunimos como personas llenas de fe en la creación del Señor y su gente maravillosa. Creemos que Dios nos da hombres y mujeres como ejemplos para mostrarnos el camino al Señor. Hoy comenzamos la causa de María Esperanza, una mujer de fe; y nosotros rogamos desde esta comunidad que Dios la reconozca a través de su Iglesia como una de sus santas; y qué mejor momento para celebrar la Eucaristía.”

Por su parte, el vice-postulador, el Padre Timothy Byerley, durante la homilía afirmó: “Nos sentimos profundamente tocados por los caminos de la divina providencia y continuamos sintiéndonos elevados por la vida de María Esperanza. Han pasado cinco años, cinco meses y tres semanas y media de su partida de esta vida en el estado de Nueva Jersey y aquí estamos abriendo la causa de beatificación y canonización de María Esperanza. [...]. El primer reconocimiento va al Obispo Bootkoski por su discernimiento episcopal, su aprecio por la Iglesia universal, y por haberse dado cuenta de la importancia de la unión de la familia. De su profundo análisis sobre la vida y trabajo de la Sra. María Esperanza, llegó a la conclusión de que esta causa debía ser abierta.

“La Sra. María Esperanza siempre tuvo y tiene un tremendo amor por los sacerdotes y esto no tenía que ver en lo absoluto con sus personalidades, si eran carismáticos o no, ella simplemente veía a Cristo en ellos. Entre sus dones, tenía esa habilidad espiritual de ver el alma del sacerdote. Ella siempre trató a todos los sacerdotes con inmensa dignidad, un inmenso respeto y un gran afecto. Ella de verdad se sentiría profundamente feliz de ver esta presencia masiva de sacerdotes aquí; y debemos destacar que esta causa está siendo abierta justamente en el año del sacerdocio. La Sra. María Esperanza siempre insistió en la importancia de amar a nuestra Iglesia.”
Ceremonia en Nueva Jersey
Su Excelencia Monseñor Bootkoski antes de juramentar a los miembros responsables y de los distintos comités, recordó la importancia que tiene este proceso para la Iglesia: “Hermanos y hermanas, esta tarde recordamos la importancia que tienen los santos para la vida de la Iglesia. Cuando ésta beatifica o canoniza a uno de los fieles, lo hace por varias razones.

“Cuando estudiamos y reflexionamos con detenimiento la vida de aquellos que siguieron a Cristo nos sentimos motivados de ver lo que se avecina; aprendemos el camino que nos permite obtener una unión total con Cristo de una de las formas más seguras; cuando luchamos con nuestros problemas conseguimos consuelo en estos amigos y co-herederos de Cristo, nuestros benefactores, que incesantemente interceden por nosotros y se unen a nosotros en una comunión maravillosa.

“Hoy recordamos de manera especial una bendita seguidora de Cristo y una ejemplar mujer laica, la Sierva de Dios María Esperanza Medrano de Bianchini. María fue una mujer grande y humilde escogida por la divina providencia para llevar el mensaje de amor, reconciliación y unión familiar. Mientras comenzamos el proceso de investigación de su vida, virtudes y reputación de santidad, recordemos la misericordia de Dios para con todos los que llevan la carga del sufrimiento, y de nuestro propio llamado a ser instrumentos de su amor y su paz.


“Oh Dios, fuente de toda gracia y santidad, mira 

con amor a los siervos que van a investigar la vida, 

virtudes y reputación de la santidad de María 

Esperanza.”