Santa Brígida
Fundadora de la
Orden el Santísimo Salvador

La Pasión:
centro de su vida
A los siete años tuvo una visión de la Reina de los cielos. A los diez, a raíz de un sermón sobre la Pasión de Cristo que la impresionó mucho, soñó que veía al Señor clavado en la cruz y oyó estas palabras: "Mira en qué estado estoy, hija mía." "¿Quién os ha hecho eso, Señor?", preguntó la niña. Y Cristo respondió: "Los que me desprecian y se burlan de mi amor." Esa visión dejó una huella imborrable en Brígida y, desde entonces, la Pasión del Señor se convirtió en el centro de su vida espiritual.
Matrimonio
Antes de cumplir catorce años, la joven contrajo matrimonio con Ulf Gudmarsson, quien era cuatro años mayor que ella. Dios les concedió veintiocho años de felicidad matrimonial. Tuvieron cuatro hijos y cuatro hijas, una de las cuales es venerada con el nombre de Santa Catalina de Suecia. Durante algunos años, Brígida llevó la vida de la época, como una señora feudal, en las posesiones de su esposo en Ulfassa, con la diferencia de que cultivaba la amistad de los hombres sabios y virtuosos.
Antes de cumplir catorce años, la joven contrajo matrimonio con Ulf Gudmarsson, quien era cuatro años mayor que ella. Dios les concedió veintiocho años de felicidad matrimonial. Tuvieron cuatro hijos y cuatro hijas, una de las cuales es venerada con el nombre de Santa Catalina de Suecia. Durante algunos años, Brígida llevó la vida de la época, como una señora feudal, en las posesiones de su esposo en Ulfassa, con la diferencia de que cultivaba la amistad de los hombres sabios y virtuosos.
En la Corte
Hacia el año 1335, la santa fue llamada a la corte del joven rey Magno II para ser la principal dama de honor de la reina Blanca de Namur. Pronto comprendió Brígida que sus responsabilidades en la corte no se limitaban al estricto cumplimiento de su oficio. Magno era un hombre débil que se dejaba fácilmente arrastrar al vicio; Blanca tenía buena voluntad, pero era irreflexiva y amante del lujo. La santa hizo cuanto pudo por cultivar las cualidades de la reina y por rodear a ambos soberanos de buenas influencias. Pero, aunque Santa Brígida se ganó el cariño de los reyes, no consiguió mejorar su conducta, pues no la tomaban en serio.
Las Visiones
La santa empezó tener por entonces las visiones que habían de hacerla famosa. Estas versaban sobre las más diversas materias, desde la necesidad de lavarse, hasta los términos del tratado de paz entre Francia e Inglaterra. "Si el rey de Inglaterra no firma la paz -decía-- no tendrá éxito en ninguna de sus empresas y acabará por salir del reino y dejar a sus hijos en la tribulación y la angustia." Pero tales visiones no impresionaban a los cortesanos suecos, quienes solían preguntar con ironía: "¿Qué soñó Doña Brígida anoche?"
Problemas
familiares y peregrinaciones
Por otra parte, la santa tenía dificultades con su propia familia. Su hija mayor se había casado con un noble muy revoltoso, a quien Brígida llamaba "el Bandolero" y, hacia 1340, murió Gudmaro, su hijo menor. Por esa pérdida la santa hizo una peregrinación al santuario de San Olaf de Noruega, en Trondhjem. A su regreso, fortalecida por las oraciones, intentó con más ahinco que nunca volver al buen camino a sus soberanos. Como no lo lograse, les pidió permiso de ausentarse de la corte e hizo una peregrinación a Compostela con su esposo. A la vuelta del viaje, Ulf cayó gravemente enfermo en Arras y recibió los últimos sacramentos ya que la muerte parecía inminente. Pero Santa Brígida, que oraba fervorosamente por el restablecimiento de su esposo, tuvo un sueño en el que San Dionisio le reveló que no moriría. A raíz de la curación de Ulf, ambos esposos prometieron consagrarse a Dios en la vida religiosa.
Viuda, vida
religiosa, aumentan las visiones
En
Vadstena había sesenta religiosas. En un edificio contiguo
habitaban trece sacerdotes (en honor de los doce apóstoles y de San Pablo), cuatro diáconos (que
representaban a los doctores de la Iglesia) y ocho hermanos legos. En conjunto había ochenta y cinco
personas. Santa Brígida redactó las constituciones; según se dice, se las dictó
el Salvador en una visión. Pero ni Bonifacio IX con la bula de canonización, ni Martín
V, que ratificó los privilegios de la abadía de Sión y confirmó la
canonización, mencionan ese hecho y sólo hablan de la aprobación de la regla
por la Santa Sede, sin hacer referencia a ninguna revelación privada.
En la fundación de Santa Brígida, lo
mismo que en la orden de Fontevrault, los hombres estaban sujetos a la abadesa en lo temporal, pero en
lo espiritual, las mujeres estaban sujetas al superior de los monjes. La razón
de ello es que la orden había sido fundada principalmente para las mujeres y los hombres sólo eran admitidos en
ella para asegurar los ministerios espirituales. Los conventos de hombres y
mujeres estaban separados por una clausura inviolable; tanto unos como las otras, asistían a los oficios
en la misma iglesia, pero las religiosas se hallaban en una galería superior, de suerte que ni siquiera podían verse unos a
otros.
El monasterio de Vadstena fue el principal centro literario
de Suecia en el siglo XV. A raíz de una visión; Santa Brígida escribió una carta muy enérgica a
Clemente VI, urgiéndole a partir de Aviñón
a Roma y establecer la paz entre Eduardo III de Inglaterra y Felipe IV de Francia. El Papa se negó a partir de Aviñón pero, en cambio envió a Hemming, obispo de Abo, a la corte del rey Felipe, aunque la
misión no tuvo éxito. Entre tanto, el rey Magno, que apreciaba más las oraciones que los consejos de
Santa Brígida, trató de hacerla intervenir en una cruzada contra los paganos letones y estonios.Pero en realidad se trataba de una expedición
de pillaje. La santa no se dejó engañar y trató de disuadir al monarca.
Con ello perdió el favor de la corte, pero no
le faltó el amor del pueblo, por cuyo bienestar se
preocupaba sinceramente durante sus múltiples viajes por Suecia.
En Roma e Italia
Había todavía en el país muchos paganos, y Santa Brígida ilustraba con milagros la predicación de sus capellanes. En 1349, a pesar de que la "muerte negra" hacía estragos en toda Europa, Brígida decidió ir a Roma con motivo del jubileo de 1350. Acompañada de su confesor, Pedro de Skeninge y otros, se embarcó en Stralsund, en medio de las lágrimas del pueblo, que no había de volver a verla. En efecto, la santa se estableció en Roma, donde se ocupó de los pobres de la ciudad, en la espera de la vuelta del Pontífice a la Ciudad Eterna. Asistía diariamente a misa a las cinco de la mañana, se confesaba todos los días y comulgaba varias veces por semana (según era permitido en aquella época). El brillo de su virtud contrastaba con la corrupción de costumbres que reinaba entonces en Roma: el robo y la violencia hacían estragos, el vicio era cosa normal, las iglesias estaban en ruinas y lo único que interesaba al pueblo era escapar de sus opresores. La austeridad de la santa, su devoción a los santuarios, su severidad consigo misma, su bondad con el prójimo, su entrega total al cuidado de los pobres y los enfermos, le ganaron el cariño de muchos. Santa Brígida atendía con particular esmero a sus compatriotas y cada día daba de comer a los peregrinos suecos en su casa que estaba situada en las cercanías de San Lorenzo in Damaso.
Pero su ministerio apostólico no se
reducía a la práctica de las buenas obras ni a exhortar a los pobres y a los humildes. En cierta ocasión,
fue al gran monasterio de Farfa para reprender al abad, "un hombre mundano que no
se preocupaba absolutamente por las almas". Hay que decir que,
probablemente, la reprensión de la santa no produjo efecto. Más éxito tuvo su celo por la reforma de otro convento de
Bolonia. Allí se hallaba Brígida cuando fue a reunirse con ella su hija, Santa Catalina, quien se quedó a su
lado y, fue su fiel colaboradora hasta el fin de su vida. Dos de las iglesias romanas más relacionadas con nuestra santa son la de San Pablo extramuros y la de San Francisco de Ripa. En la
primera se conserva todavía el bellísimo crucifijo, obra de Cavallini, ante
el que Brígida acostumbraba orar y que le respondió más de una vez; en la segunda
iglesia se leapareció San Francisco y le dijo: "Ven a beber conmigo en mi celda". La santa interpretó aquellas palabras
como una invitación para ir a Asís. Visitó la ciudad y de allí partió en peregrinación por losprincipales santuarios de Italia, durante dos años.
Profecías y
revelaciones
Las profecías y revelaciones Santa Brígida se referían a las cuestiones más candentes de su época. Predijo, por ejemplo, que el Papa y el emperador se reunirían amistosamente en Roma. Al poco tiempo así lo hicieron (El Papa Beato Urbano V y Carlos IV, en 1368). La profecía de que los partidos en que estaba dividida la Ciudad Eterna recibirían el castigo que merecían por sus crímenes, disminuyeron un tanto la popularidad de la santa y aun le atrajeron persecuciones. Brígida fuearrojada de su casa y tuvo que ir con su hija a pedir limosna al convento de las Clarisas.Por otra parte, ni siquiera el Papa escapaba a sus severas admoniciones proféticas.
El gozo que
experimentó la santa con la llegada de Urbano a Roma fue de corta duración,
pues el Pontífice se retiró poco después a Viterbo, luego a
Montesfiascone y aun se rumoró que se disponía a volver a Aviñón.
Al regresar de
una peregrinación, a Amalfi, Brígida tuvo
una visión en la que Nuestro Señor la envió a avisar al Papa que se acercaba la hora de su muerte, a fin de
que diese su aprobación a la regla del convento de Vadstena. Brígida había ya sometido la regla a la aprobación de Urbano V, en Roma, pero el Pontífice no había dado respuesta alguna. Así pues,
se dirigió a Montefiascone montada en su mula blanca. Urbano aprobó, en general, la fundación y la
regla de Santa Brígida, que completó con la regla de San Agustín. Cuatro meses más tarde, murió el Pontífice. Santa Brígida escribió tres veces a su sucesor, Gregorio XI, que estaba en Aviñón, conminándole a trasladase a Roma. Así lo hizo el Pontífice cuatro años después de la muerte de la
santa.
En 1371, a raíz de otra visión, Santa Brígida emprendió una peregrinación a los Santos
Lugares, acompañada de su hija Catalina, de sus hijos Carlos y Bingerio, de Alfonso de Vadaterra y otros personajes. Ese fue el último de sus viajes. La expedición comenzó mal, ya
que en Nápoles, Carlos se enamoró de la reina Juana I, cuya reputación era muy dudosa.
Aunque la esposa de Carlos vivía aún en Suecia y el marido de Juana estaba en España; ésta
quería contraer matrimonio con él y la perspectiva no desagradaba a Carlos. Su madre, horrorizada ante tal posibilidad, intensificó sus oraciones. Dios resolvió la dificultad del modo más inesperado y trágico, pues Carlos enfermó de una
fiebre maligna y murió dos semanas después en brazos de su madre. Santa Brígida prosiguió su viaje
a Palestina embargada por la más profunda pena. En Jaffa estuvo a punto de perecer
ahogada duranteun naufragio Sin embargo durante, la accidentada peregrinación la
santa disfrutó de grandes consolaciones espirituales y de visiones sobre la vida del Señor.
A su vuelta de Tierra Santa, en el otoño de 1372, se detuvo en Chipre, donde clamó contra la corrupción de la
familia real y de los habitantes de Famagusta quienes se habían burlado de ella cuando se dirigía a Palestina.
Después pasó a Nápoles, donde el clero de la ciudad leyó desde el púlpito las profecías
de Santa Brígida, aunque no produjeron mayor efecto entre el pueblo.
La comitiva llegó a Roma en marzo de 1373. Brígida, que estaba enferma desde hacía algún tiempo, empezó a debilitarse
rápidamente, y falleció el 23 de julio de ese año, después de recibir los
últimos sacramentos de manos de su fiel amigo, el Padre Pedro de Alvastra. Tenía entonces
setenta y un años. Su cuerpo fue sepultado provisionalmente en la iglesia de San Lorenzo in Panisperna. Cuatro
meses después, Santa Catalina y Pedro de Alvastra condujeron triunfalmente las
reliquias a Vadstena, pasando por Dalmacia, Austria, Polonia y el puerto de Danzig.
Santa Brígida, cuyas reliquias
reposan todavía en la abadía por ella fundada, fue canonizada en 1391 y es la
patrona de Suecia.
Visiones y
escritos
Uno de los aspectos más conocidos en
la vida de Santa Brígida, es el de las múltiples visiones con que la
favoreció el Señor, especialmente las que se refieren a los sufrimientos de la Pasión y a ciertos
acontecimientos de su época. Por orden del Concilio de Basilea, el Juan de Torquemada, quien fue
más tarde cardenal, examinó el libro de las revelaciones de la santa y
declaró que podía ser muy útil para la instrucción de los fieles; pero tal
aprobación encontró muchos opositores. Por lo demás; la declaración de Torquemada significa
únicamente que la doctrina del libro es ortodoxa y que las revelaciones no
carecen de probabilidad histórica. El Papa Bcnedicto XIV, entre otros, se
refirió a las revelaciones de Santa Brígida en los siguientes términos:
"Aunque muchas de esas revelaciones han sido aprobadas, no se les debe el
asentimiento de fe divina; el crédito que merecen es puramente humano, sujeto al juicio de la prudencia, que es la que debe
dictarnos el grado de probabilidad de que gozan para que crearnos píamente en ellas."
Santa Brígida, con gran sencillez de corazón,
sometió siempre
sus revelaciones a las autoridades eclesiásticas y, lejos de gloriarse por
gozar de gracias tan extraordinarias, las aprovechó como una ocasión para
manifestar su obediencia y crecer en amor y humildad. Si sus revelaciones la
han hecho famosa, ello se debe en gran parte a su virtud heroica, consagrada
por el juicio de la Iglesia.
El libro de sus
revelaciones fue publicado por primera vez en 1492.
Las brigidinas
tienen unas lecciones de maitines tomadas de sus revelaciones sobre las glorias
de María, conocidas con el nombre de "Sermo Angelicus", en recuerdo
de las palabras del Señor a la santa: "Mi ángel te comunicará las
lecciones que las religiosas de tus monasterios deben leer en maitines, y tú
las escribirás tal como él te las dicte".
A continuación te Presentamos las Oraciones más
conocidas que le dictó el propio Jesús a Santa Brigida
(1) Las 15 Oraciones
Se hacen por un año completo, para
obtener las Gracias prometidas, si por alguna razón fallas en hacerlas puedes
recuperarte al día siguiente. Parece fácil, mas no lo es. Aparta un momento
fijo en tu día, de preferencia al levantarte, y así tendrás la holgura del
resto del día si se te presenta algún inconveniente.
Las Promesas
· Libraré del Purgatorio a 15 almas
de su parentela o linaje
· 15 almas de su parentela o linaje serán preservadas y confirmadas en la gracia
· 15 pecadores de su linaje serán convertidos
· El que rezare estas Oraciones, alcanzará el primer grado de la perfección
· 15 días antes de su muerte, le daré el alimento de Mi Sagrado Cuerpo, para que se escape del hambre eterno; y le daré de beber de Mi Preciosísima Sangre, para que no padezca de sed eternamente.
· 15 días antes de su muerte, sentirá contrición profunda por todos sus pecados; y tendrá conocimiento perfecto de todas sus culpas.
· Yo pondré el Signo de Mi Victoriosa Cruz delante de él, para que sea su amparo y defensa contra las asechanzas de sus enemigos.
· Antes de su muerte, vendré a él con Mi Carísima y Bien Amada Madre.
· Benignamente recibiré su alma; y le conduciré a las delicias eternas.
· Y habiendo conducido a esta alma hasta las Mansiones Eternas, allí le daré de beber del Manantial de Mi Divinidad; cosa que no haré con los que no hayan recitado Mis Oraciones.
· Haz saber que el que haya vivido en estado de pecado mortal aun por 30 años, si rezare devotamente estas Oraciones, o si hubiese propuesto rezarlas, el Señor le perdonará todos sus pecados.
· Yo le defenderé contra graves tentaciones
· Preservaré y guardaré sus 5 sentidos.
· Le preservaré de una muerte repentina.
· Su alma será librada de la muerte eterna.
· Esta alma obtendrá todo cuanto le pidiere a Dios y a la Santísima Virgen
· Si ha vivido haciendo su propia voluntad durante toda su vida y si debiera morir al día siguiente, Yo le prolongaré su existencia para que se confiese bien.
· Cada vez que un alma rezare estas oraciones, ganará 100 días más de indulgencia.
· Se le asegura que será colocado junto al Supremo Coro de los Santos Ángeles.
· Al que enseñare estas Oraciones a otra persona, se le asegura gozo continuo; y el mérito perdurable por toda la eternidad.
· Dondequiera que se rezaren estas Oraciones, o si se rezan en algún tiempo futuro, allí estará Dios presente con Su Gracia
· 15 almas de su parentela o linaje serán preservadas y confirmadas en la gracia
· 15 pecadores de su linaje serán convertidos
· El que rezare estas Oraciones, alcanzará el primer grado de la perfección
· 15 días antes de su muerte, le daré el alimento de Mi Sagrado Cuerpo, para que se escape del hambre eterno; y le daré de beber de Mi Preciosísima Sangre, para que no padezca de sed eternamente.
· 15 días antes de su muerte, sentirá contrición profunda por todos sus pecados; y tendrá conocimiento perfecto de todas sus culpas.
· Yo pondré el Signo de Mi Victoriosa Cruz delante de él, para que sea su amparo y defensa contra las asechanzas de sus enemigos.
· Antes de su muerte, vendré a él con Mi Carísima y Bien Amada Madre.
· Benignamente recibiré su alma; y le conduciré a las delicias eternas.
· Y habiendo conducido a esta alma hasta las Mansiones Eternas, allí le daré de beber del Manantial de Mi Divinidad; cosa que no haré con los que no hayan recitado Mis Oraciones.
· Haz saber que el que haya vivido en estado de pecado mortal aun por 30 años, si rezare devotamente estas Oraciones, o si hubiese propuesto rezarlas, el Señor le perdonará todos sus pecados.
· Yo le defenderé contra graves tentaciones
· Preservaré y guardaré sus 5 sentidos.
· Le preservaré de una muerte repentina.
· Su alma será librada de la muerte eterna.
· Esta alma obtendrá todo cuanto le pidiere a Dios y a la Santísima Virgen
· Si ha vivido haciendo su propia voluntad durante toda su vida y si debiera morir al día siguiente, Yo le prolongaré su existencia para que se confiese bien.
· Cada vez que un alma rezare estas oraciones, ganará 100 días más de indulgencia.
· Se le asegura que será colocado junto al Supremo Coro de los Santos Ángeles.
· Al que enseñare estas Oraciones a otra persona, se le asegura gozo continuo; y el mérito perdurable por toda la eternidad.
· Dondequiera que se rezaren estas Oraciones, o si se rezan en algún tiempo futuro, allí estará Dios presente con Su Gracia
Por
mucho tiempo, Santa Brígida había deseado saber cuántos latigazos había
recibido Nuestro Señor en Su Pasión. Un cierto día se le apareció Jesucristo,
diciéndole: "Recibí en Mi Cuerpo cinco mil, cuatrocientos ochenta
latigazos; son 5480 azotes. Si quieres honrarlos en verdad, con alguna
veneración, decid 15 veces el Padre Nuestro; también 15 veces el Ave María, con
las siguientes oraciones, durante un año completo. Al terminar el año, habréis
venerado cada una de mis llagas." (Nuestro Señor mismo le dictó las
Oraciones a la Santa.) El Señor prometió conceder muchas gracias a las almas
que reciten estas oraciones.
Primera
Oración
Padre Nuestro - Ave María
O Jesucristo! Sois la Eterna Dulzura
de todos los que Os aman: la Alegría que sobrepasa todo Gozo y deseo; La
Salvación, y Esperanza de todos los pecadores. Habéis manifestado no tener
mayor deseo que el de permanecer en medio de los hombres, en la tierra. Los
amáis hasta el punto de asumir la naturaleza humana, en la plenitud de los
tiempos, por amor a ellos. Acordaos de todos los sufrimientos que habéis soportado
desde el instante de Vuestra Concepción; y especialmente durante Vuestra
Sagrada Pasión; así como fue decretado y ordenado desde toda la eternidad;
según el Plan Divino.
Acordaos, O Señor, que durante la
Última Cena con Vuestros Discípulos les habéis lavado los pies; y después, les
disteis Vuestro Sacratísimo Cuerpo y Vuestra Sangre Preciosísima. Luego,
confortándolos con dulzura, les anunciasteis Vuestra próxima Pasión.
Acordaos de la tristeza y amargura
que habéis experimentado en Vuestra Alma, como Vos mismo lo afirmasteis,
diciendo: "Mi alma está triste hasta la muerte."
Acordaos de todos los temores, las
angustias y los dolores que habéis soportado, en Vuestro Sagrado Cuerpo, antes
del suplicio de la Crucifixión. Después de haber orado tres veces, todo bañado
de sudor sangriento, fuisteis traicionado por Vuestro discípulo, Judas;
apresado por los habitantes de una nación que habíais escogido y enaltecido.
Fuisteis acusado por falsos testigos, e injustamente juzgado por tres jueces;
todo lo cual sucedió en la flor de Vuestra Madurez; y en la Solemne Estación
Pascual.
Acordaos que fuisteis despojado de
Vuestra propia vestidura, y revestido con manto de irrisión. Os cubrieron los
Ojos y la Cara inflingiendo bofetadas. Después, coronándoos de espinas,
pusieron en Vuestras manos una caña. Finalmente, fuisteis atado a la columna;
desgarrado con azotes; y agobiado de oprobios y ultrajes.
En memoria de todas estas penas y
dolores que habéis soportado antes de Vuestra Pasión en la Cruz, concededme
antes de morir, una contrición verdadera, una confesión sincera y completa;
adecuada satisfacción; y la remisión de todos mis pecados. Amén.
Segunda
Oración
Padre Nuestro - Ave María
¡O Jesús, la Verdadera Libertad de
los Ángeles y Paraíso de Delicias! Acordaos del horror y la tristeza con que
fuisteis oprimido cuando Vuestros enemigos, como leones furiosos, Os rodearon
con miles de injurias, salivazos, bofetadas, laceraciones, arañazos y otros
suplicios inauditos. Os atormentaron a su antojo. En consideración a estos
tormentos, y a las palabras injuriosas, Os suplico, ¡O mi Salvador y Redentor!
que me libréis de todos mis enemigos visibles e invisibles y que, bajo Vuestra
protección, hagáis que yo alcance la perfección de la Salvación Eterna. Amén.
Tercera
Oración
Padre Nuestro - Ave María
¡O Jesús, Creador del Cielo y de la
Tierra, al que nada puede contener ni limitar! Vos abarcáis todo y todo es
sostenido bajo Vuestra Amorosa Potestad. Acordaos del dolor muy amargo que
sufristeis cuando los judíos, con gruesos clavos cuadrados, golpe a golpe,
clavaron Vuestras Sagradas Manos y Pies a la Cruz. Y no viéndoos en un estado
suficientemente lamentable para satisfacer su furor, agrandaron Vuestras
Llagas, agregando dolor sobre dolor. Con indescriptible crueldad, extendieron
Vuestro Cuerpo en la Cruz. Y con jalones y estirones violentos, en toda
dirección, dislocaron Vuestros Huesos. Oh Jesús, en memoria de este santo dolor que habéis soportado con tanto amor en la cruz, Os suplico conderme la gracia de temeros y amaros. Amén
Cuarta
Oración
Padre Nuestro - Ave María
¡O Jesús, Médico Celestial, elevado
en la Cruz para curar nuestras llagas con las Vuestras! Acordaos de las
contusiones y desfallecimientos que habéis sufrido en todo Vuestros Miembros; y
que fueron distendidos a tal grado, que no ha habido dolor semejante al
Vuestro. Desde la cima de la cabeza hasta la planta de los pies. Ninguna parte
de Vuestro Cuerpo estaba exenta de tormentos. Sin embargo, olvidando todos
Vuestros Sufrimientos, no dejasteis de pedir por Vuestros enemigos, a Vuestro
Padre Celestial, diciéndole: "Padre, perdónalos porque no saben lo que
hacen."
Por esta inmensa Misericordia, y en
memoria de estos sufrimientos, Os hago esta súplica: Conceded que el recuerdo
de Vuestra muy amarga Pasión nos alcance una perfecta contrición, y la remisión
de todos nuestros pecados, Amén.
Quinta
Oración
Padre Nuestro - Ave María
¡O Jesús, Espejo de Resplendor
Eterno! Acordaos de la tristeza aguda que habéis sentido al contemplar con
anticipación, las almas que habían de condenarse. A la luz de Vuestra
Divinidad, habéis vislumbrado la predestinación de aquellos que se salvarían,
mediante los méritos de Vuestra Sagrada Pasión. Simultáneamente, habéis
contemplado tristemente la inmensa multitud de réprobos que serían condenados
por sus pecados; y Os habéis quejado amargamente de esos desesperados, perdidos
y desgraciados pecadores.
Por ese abismo de compasión y piedad;
y principalmente por la bondad que demostrasteis hacia el buen ladrón,
diciéndole: "Hoy estarás conmigo en el Paraíso.", hago esta súplica,
Dulce Jesús. Os pido que a la hora de mi muerte tengáis misericordia de mí.
Amén
Sexta
Oración
Padre Nuestro - Ave María
¡O Jesús, Rey infinitamente amado y
deseado! Acordaos del dolor que habéis sufrido cuando, desnudo y como un
criminal común y corriente, fuisteis clavado y elevado en la Cruz. También
fuisteis abandonado de todos Vuestros parientes y amigos, con la excepción de
Vuestra muy amada Madre. En Vuestra Agonía, Ella permaneció fiel junto a Vos;
luego, la encomendasteis a Vuestro fiel discípulo, Juan, diciendo a María:
"¡Mujer, he aquí a tu hijo!" Y a Juan: "¡He aquí a tu
Madre!"
Os suplico, O mi Salvador, por la
espada de dolor que entonces traspasó el alma de Vuestra Santísima Madre, que
tengáis compasión de mí. Y en todas mis aflicciones y tribulaciones, tanto
corporales como espirituales, ten piedad de mí. Asistidme en todas mis pruebas,
y especialmente en la hora de mi muerte, Amén.
Séptima
Oración
Padre Nuestro - Ave María
¡O Jesús, Inagotable Fuente de
Compasión, ten compasión de mí! En un profundo gesto de amor, habéis exclamado
en la Cruz: "¡Tengo sed!" Era sed por la salvación del género humano.
¡O mi Salvador! Os ruego que inflaméis nuestros corazones con el deseo de
dirigirnos hacia la perfección, en todas nuestras obras. Extinguid en nosotros
la concupiscencia carnal, y el ardor de los apetitos mundanos. Amén.
Octava
Oración
Padre Nuestro - Ave María
¡O Jesús, Dulzura de los corazones y
Deleite del espíritu! Por el vinagre y la hiel amarga que habéis probado en la
Cruz, por amor a nosotros, oíd nuestros ruegos. Concedednos la gracia de
recibir dignamente Vuestro Sacratísimo Cuerpo y Sangre Preciosísima, durante
nuestra vida; y también a la hora de la muerte; para servir de remedio y
consuelo a nuestras almas. Amén.
Novena
Oración
Padre Nuestro - Ave María
¡O Jesús, Virtud Real y Gozo del
alma! Acordaos del dolor que habéis sentido, sumergido en un océano de
amargura, al acercarse la muerte. Insultado y ultrajado por los judíos,
clamasteis en alta voz que habíais sido abandonado por Vuestro Padre Celestial,
diciéndole: "Dios Mío, Dios Mío, ¿por qué me has abandonado?"
Por esta angustia, Os suplico, O mi
Salvador, que no me abandonéis en los terrores y dolores de mi muerte. Amén
Décima
Oración
Padre Nuestro - Ave María
¡O Jesús, Principio y Fin de todas
las cosas, Sois la Vida y la Virtud plena! Acordaos que por causa nuestra
fuisteis sumergido en un abismo de penas; sufriendo dolor desde la planta de
los Pies hasta la cima de la Cabeza. En consideración a la enormidad de
Vuestras Llagas, enseñadme a guardar, por puro amor a Vos, todos Vuestros
Mandamientos; cuyo camino de Vuestra Ley Divina es amplio y agradable para
aquellos que os aman. Amén
Undécima
Oración
Padre Nuestro - Ave María
¡O Jesús! ¡Abismo muy profundo de
Misericordia! En memoria de las Llagas que penetraron hasta la médula de
Vuestros Huesos y Entrañas, para atraerme hacia Vos, presento esta súplica. Yo,
miserable pecador, profundamente sumergido en mis ofensas, pido que me apartéis
del pecado. Ocultadme en los huecos de Vuestras Llagas; hasta que Vuestra
cólera y justísima indignación hayan cesado. Amén
Duodécima
Oración
Padre Nuestro - Ave María
¡O Jesús, Espejo de la Verdad, Sello
de la Unidad, y Vínculo de la Caridad! Acordaos de la multitud de Llagas con
que fuisteis herido, desde la Cabeza hasta los Pies. Esas Llagas fueron
laceradas y enrojecidas. O, dulce Jesús, por la efusión de Vuestra Adorable
Sangre. ¡O, qué dolor tan grande y repleto habéis sufrido por amor a nosotros,
en Vuestra Carne Virginal! ¡Dulcísimo Jesús! ¿Qué hubo de hacer pos nosotros
que no habéis hecho? Nada falta. ¡Todo lo habéis cumplido! ¡O Amable y Adorable
Jesús! Por el fiel recuerdo de Vuestra Pasión, que el Fruto meritorio de
Vuestros Sufrimientos sea renovado en mi alma. Y que en mi corazón Vuestro Amor
aumente cada día; hasta que llegue a contemplaros en la Eternidad. ¡O
amabilísimo Jesús! Vos Sois el Tesoro de toda alegría y dicha verdadera, que Os
pido concederme en el Cielo. Amén.
Décimo
tercera Oración
Padre Nuestro - Ave María
¡O Jesús, Fuerte León, Rey Inmortal e
Invencible! Acordaos del inmenso dolor que habéis sufrido cuando, agotadas
todas Vuestras Fuerzas, tanto moral como física, inclinasteis la Cabeza y
dijisteis: "Todo está consumado."
Por esta angustia y dolor, Os
suplico, Señor Jesús, que tengáis piedad de mí en la hora de mi muerte; cuando
mi mente estará tremendamente perturbada y mi alma sumergida en angustia. Amén.
Décimo
cuarta Oración
Padre Nuestro - Ave María
¡O Jesús, Único Hijo del Padre
Celestial, Esplendor y Semejanza de Su Esencia! Acordaos de la sencilla y
humilde recomendación que hicisteis de Vuestra Alma, a Vuestro Padre Eterno, diciéndole:
"¡Padre, en Tus Manos encomiendo Mi Espíritu!" Desangrado Vuestro
Cuerpo, destrozado Vuestro Corazón, y abiertas las Entrañas de Vuestra
Misericordia para redimirnos, habéis expirado. Por Vuestra Preciosa Muerte, Os
suplico, O Rey de los Santos, confortadme, Socorredme, para resistir al
demonio, la carne y al mundo. A fin de que, estando muerto al mundo, viva yo
solamente para Vos. Y a la hora de mi muerte, recibid mi alma peregrina y
desterrada que regresa a Vos. Amén.
Décimo
quinta oración
Padre Nuestro - Ave María
¡O Jesús, Verdadera y Fecunda Vid!
Acordaos de la abundante efusión de Sangre que tan generosamente habéis
derramado de Vuestro Sagrado Cuerpo. Vuestra Preciosa Sangre fue derramada como
el jugo de la uva bajo el lagar.
De Vuestro costado perforado por un
soldado, con la lanza, ha brotado Sangre y Agua, hasta no quedar en Vuestro
Cuerpo gota alguna. Finalmente, como un haz de mirra, elevado a lo alto de la
Cruz, la muy fina y delicada Carne Vuestra fue destrozada; la Substancia de Vuestro
Cuerpo fue marchitada y disecada la Médula de Vuestros Huesos.
Por esta amarga Pasión, y por la
efusión de Vuestra Preciosa Sangre, Os suplico, O Dulcísimo Jesús, que recibáis
mi alma cuando yo esté sufriendo, en la agonía de mi muerte. Amén.
Conclusión
¡O Dulce Jesús! Herid mi corazón, a
fin de que mis lágrimas de amor y penitencia me sirvan de pan, día y noche.
Convertidme enteramente O Mi Señor, a Vos. Haced que mi corazón sea Vuestra
Habitación Perpetua, Y que mi conversación Os sea agradable. Que el fin de mi
vida Os sea de tal suerte loable, que después de mi muerte pueda merecer
Vuestro Paraíso; y alabaros para siempre en el Cielo, con todos Vuestros
Santos. Amén
(1) Oraciones de
los 12 Años
Para obtener las gracias
prometidas, deberás hacerlas por doce años ininterrumpidamente
-Promesas que le hizo Nuestro Señor Jesucristo sobre esta oración:
“Debes hacer saber que Yo garantizaré
las siguientes gracias a aquellas personas que honren mi más preciosa sangre
durante doce años, con las siguientes oraciones seguidas por siete
padrenuestros, siete avemarías y siete glorias”
1) El alma que las rece no será enviada al purgatorio.
2) Será considerado un mártir como si hubiera derramado su sangre por la
fe.
3) Mantendré a tres almas entre sus familiares, de su elección, en un
estado de gracia santificadora.
4) Las almas de sus familiares, hasta la cuarta generación, evitarán ser
enviadas al infierno.
5) Conocerá la llegada de su muerte con un mes de antelación.
Las siguientes oraciones deben recitarse todos los días durante doce años consecutivos. Si por una razón grave, un día particular, tuvieran que saltarse, al día siguiente se rezarán doblemente. Aquel que fallezca antes de cumplimentar las oraciones durante esos doce años será considerado por mí como orante válido, tal y como si las hubiese podido completar. Por último, es totalmente necesario rezarlas con atención profunda y deben ser recitadas con devoción y meditación, pensando en las palabras que se pronuncian en ellas.
LA ORACIÓN
Oh, Señor, ven en mi ayuda
Oh, Señor, date prisa en socorrerme
Gloria
Credo
Oración inicial: «Oh, Jesús, deseo rezar ahora estas siete oraciones uniéndolas al amor con el que Tú santificaste esta oración en Tu corazón. Tómalas de mis labios y llévalas hasta Tu Sagrado corazón, mejóralas y complétalas para que brinden honor y felicidad a la Trinidad en la tierra como Tú deseas. Que se derramen sobre Tu santa humanidad para la glorificación de Tus dolorosas heridas y Tu preciosísima Sangre».
1) La circuncisión: «Padre Eterno, a través de las manos inmaculadas de la Virgen María y del Sagrado Corazón de Jesús, te ofrezco las primeras heridas, los primeros dolores y las primeras gotas de sangre derramadas por Jesús siendo niño durante la circuncisión, como expiación de los pecados de mi infancia y de toda la humanidad, y como protección contra los pecados mortales, especialmente contra aquellos que puedan cometer mis familiares.»
Padrenuestro, avemaría y gloria.
2) Agonía de Jesús en el Huerto de los Olivos: «Padre Eterno, a través de las manos inmaculadas de la Virgen María y del Sagrado Corazón de Jesús, te ofrezco el intenso sufrimiento que el Corazón de Jesús experimentó en el Huerto de los Olivos, y cada gota de su sudor de sangre como expiación de mis pecados de corazón y los de toda la humanidad, como protección contra tales pecados y para que se extienda el amor divino y fraterno.»
Padrenuestro, avemaría y gloria.
3) La flagelación: «Padre Eterno, a través de las manos inmaculadas de la Virgen María y del Sagrado Corazón de Jesús, te ofrezco las muchas miles de heridas, los terribles dolores y la preciosísima sangre derramada durante la flagelación de Jesús, como expiación de mis pecados de la carne y los de toda la humanidad y como protección contra tales pecados. Que sirvan para ayudarme a conservar mi pureza e inocencia, al igual que la de mis familiares.
Padrenuestro, avemaría y gloria.
4) La coronación de espinas: «Padre Eterno, a través de las manos inmaculadas de la Virgen María y del Sagrado Corazón de Jesús, te ofrezco las heridas, los dolores y la preciosísima sangre de la sagrada cabeza de Jesús que se derramó durante y, después de la coronación de espinas, como expiación de mis pecados del espíritu y los de toda la humanidad, como protección contra tales pecados y para que se extienda el reino de Cristo aquí en la tierra.»
Padrenuestro, avemaría y gloria.
5) Cargando con la cruz: Padre Eterno, a través de las manos inmaculadas de la Virgen María y del Sagrado Corazón de Jesús, te ofrezco los sufrimientos en el camino de la Cruz, especialmente la santa herida en su hombro y su preciosísima sangre, como expiación de mi negación de la cruz y la de toda la humanidad, todas mis protestas contra tus planes divinos y todos los demás pecados de la lengua. Como protección contra este tipo de pecados, y para amar verdaderamente a la cruz.»
Padrenuestro, avemaría y gloria.
6) La crucifixión de Jesús: «Padre Eterno, a través de las manos inmaculadas de la Virgen María y del Sagrado Corazón de Jesús, te ofrezco a tu Hijo subido y clavado en la cruz; el extremo dolor de su cuerpo y de su alma; su extrema pobreza y su perfecta obediencia; las heridas de sus manos y sus pies y los tres hilos de su preciosísima sangre, esa que derramó allí por nosotros. Las extremas torturas del cuerpo y del alma, su muerte preciosa y su renovación no sangrienta en todas las misas que se celebran hoy aquí en la tierra, como expiación de todas las heridas contra los votos y normas en las órdenes religiosas; como reparación de mis pecados y los del mundo entero; por los enfermos y los moribundos (aquí se puede nombrar a todas aquellas personas amadas y que están enfermas o cerca de la muerte), por todos nuestros sacerdotes y laicos, por las intenciones del papa, por la restauración de las familias cristianas, por el fortalecimiento de la fe, por nuestro país y sus dirigentes, por la unión de todas las naciones en Cristo, su Iglesia y por la diáspora de los judíos.»
Padrenuestro, avemaría y gloria.
7) La llaga del sagrado costado: «Padre Eterno, acepta como dignas, por las necesidades de la Santa Iglesia y como expiación de los pecados de toda la humanidad, la preciosísima sangre y el agua que brotaron de la herida del Sagrado Corazón de Jesús. Sé misericordioso para con nosotros. ¡Sangre del costado de Cristo, lávame de todas mis culpas de pecado y lava las de todos los hombres! ¡Agua del costado de Cristo, lávame de las penitencias y castigos del pecado y extingue las llamas del purgatorio para mí y para todas las almas de los pobres difuntos que moran en el Purgatorio!»
Padrenuestro, avemaría y gloria
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Esta oración rescata 33 Almas del
Purgatorio, se reza los viernes y especialmente el Viernes Santo a las 3:00 pm
¡Oh
Santa Cruz! yo te adoro
Te adoro Oh Santa Cruz, que fuiste adornada por el cuerpo Santísimo de mi Señor, cubierta y entintada de su Preciosísima Sangre. Te adoro mi Dios, puesto en la Cruz por mí. Te adoro Oh Santa Cruz, por amor de Aquel que es mi Señor. Amén.
Te adoro Oh Santa Cruz, que fuiste adornada por el cuerpo Santísimo de mi Señor, cubierta y entintada de su Preciosísima Sangre. Te adoro mi Dios, puesto en la Cruz por mí. Te adoro Oh Santa Cruz, por amor de Aquel que es mi Señor. Amén.
(Repetir
33 veces)
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